RECONSTRUIR SOCIALMENTE EL CONSENSO CONSTITUCIONAL.

Hay cosas que no esperan y la desaceleración económica o una eventual recesión no van a aguardar a que haya un gobierno solvente en España capaz de hacerles frente. Es más, la puesta en marcha de políticas erróneas puede precipitar y ahondar la entrada de España en una nueva crisis.

Mientras el mundo se enfrenta a retos, incertidumbres y riesgos nunca antes vividos, nosotros seguimos haciendo las cuentas  para saber los apoyos parlamentarios del próximo candidato a presidir el Gobierno.

            Si dejásemos de mirarnos el ombligo y ampliáramos nuestro campo de visión al conjunto del panorama mundial, veríamos una desaceleración económica en las principales economías, una deuda que supera el 320% del PIB del planeta, una política de máxima liquidez  monetaria y una guerra comercial en  tregua por el interés del Presidente norteamericano Donald Trump de tener un 2020  tranquilo, al menos hasta las elecciones de fin de año.

Recientemente Ray Dalio, Fundador del Fondo de Inversión Bridgewáter y prestigioso analista del ciclo económico, aseguraba que el sistema que hacia funcionar el capitalismo se ha roto. No lo dice cualquiera y sobre todo su argumentación es  contundente.

Dalio cree que la situación económica  mundial es insostenible, que la crisis es inevitable y anuncia que tras la misma se impondrá un nuevo paradigma económico. Considera que la situación actual se puede resumir en cuatro hitos: Una inmensa liquidez monetaria propiciada por los bancos centrales que han caído en su propia trampa de deuda. Una liquidez que ha incrementado las desigualdades sociales ya que a la misma han tenido acceso únicamente las personas solventes y no las de menores rentas. Todo ello ha propiciado activos artificialmente inflados: acciones, bonos, casas… El cuarto factor que hace insostenible el sistema, dice Dalio, son las pensiones.

Todo ello ha alentado el endeudamiento público y ha dotado de dinero barato a numerosas empresas cuyos beneficios no son capaces de  pagar los intereses de su deuda aun siendo esta barata. La subida de tipos de interés puesta en marcha por los Bancos Centrales rápidamente ha debido dar media vuelta ante el empeoramiento de la situación económica. La economía se ha vuelto dependiente de la droga del dinero barato.  Ha caído en la trampa de liquidez. Los intentos por sacarla de esta adicción han mostrado los síntomas del síndrome de abstinencia y los Bancos Centrales han decidido de nuevo seguir suministrándole la droga del dinero barato y bajos tipos de interés. No se sabe hasta cuándo, ni que pasará  después de que el tratamiento se suspenda, ¿o si  se sabe pero no se dice?  Lo señalaba el que fuera Presidente de la Comisión Europea,  Jean Claude Juncker: “Sabemos lo que hay que hacer, lo que no hemos aprendido es como ganar las elecciones si lo hacemos” y mientras lo aprenden lo más cómodo es  seguir incrementando déficits y deuda pública.

La salida de esta trampa no va a ser fácil y posiblemente sea traumática.

Daron Acemoglu y James A. Robinson, los autores de “Porque fracasan los países” han publicado un nuevo libro titulado “El Pasillo Estrecho” En él señalan cómo los países que consolidan las libertades son los que consiguen el equilibrio entre Estado y Sociedad. Las ideologías al uso siempre han enfrentado Estado y Mercado. Los autores dicen que los efectos de esta pugna han dado históricamente resultados de suma cero: lo que uno gana, el otro lo pierde, y ponen como ejemplo la República de  Weimar, antesala del nazismo; y aunque no lo ponen lo digo yo: la Segunda República española  tras la crisis económica del 29.

Por el contrario, ofrecen el ejemplo de la experiencia sueca  y su forma de afrontar la Gran Recesión Mundial. Abogan por un Estado fuerte, un “Leviatan encadenado” por una sociedad civil también fuerte. Solo este equilibrio de fuerzas permite conservar la libertad y la prosperidad. Una idea innovadora que habría que explorar. Quizás, habría que poner a dialogar a Hayek y Keynes en un debate académico pendiente; a pactar a empresarios y sindicatos sobre la forma de afrontar las consecuencias de la globalización y de la revolución tecnológica; y a  los partidos del centro derecha liberal y socialista para encontrar ese difícil equilibrio reconstruyendo consensos.

Con huidas hacia adelante de políticos cortoplacistas, más ocupados en buscar el poder que en resolver los retos que quizás les vengan grandes, nos  enfrentamos a lo que Federico Tajadura  calificaba en estas mismas páginas como un “ciclo histórico regresivo y un tiempo sombrío.”

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