PENSIONES (I)

Volvemos de forma recurrente, sobre todo cada vez que hay elecciones a la vista y son cada vez más veces, al debate sobre las pensiones. Me llegan  por wasap los mismos videos que me llegaban en el mes de abril antes de los anteriores comicios. Ahora todos, y me incluyo, nos tiramos videos,  lo que nos permite traspasar a otros la ardua labor de argumentar. Hasta en eso nos quitamos de encima la responsabilidad de valorar  razones, debatir ideas y sopesar datos. El debate tranquilo y sosegado parece imposible porque enseguida termina en enfrentamiento ideológico, apelación a las emociones y en atribución de culpabilidades y por ese camino terminamos siempre como el Rosario de la Aurora. Lo mejor, terminan diciéndote, es no discutir y mucho menos “meterte en líos”, y por ese camino empobrecemos la democracia que se basa en el debate sosegado y respetuoso de las ideas, dejando el campo libre a quienes terminan apelando a las emociones como fórmula de arrastre de masas.

Simultáneamente nos encontramos con un debate en el que el número de opiniones es inversamente proporcional a la cantidad de datos que se aportan.

ELECCIONES Y PROPUESTAS.

Estos días hemos escuchado al Presidente en funciones, Pedro Sánchez, comprometerse a subir las pensiones de acuerdo al IPC, rompiendo el acuerdo de subirlas solamente el 0.25% mientras  el sistema sea deficitario lo que en la práctica significa que las pensiones pierden poder adquisitivo si el IPC supera ese 0.25% . Este acuerdo de 2011 permitió garantizar la sostenibilidad del sistema. El mismo argumentario que vimos desplegarse en las elecciones de 2018. Las  campañas electorales son campo abonado a la demagogia, entendiéndola como la define la Real Academia: “Degeneración de la democracia consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”

Ha sido el propio Banco de España el que ha lanzado la voz de alarma diciendo que establecer como derecho constitucional esa equiparación de la subida al IPC pone en riesgo la viabilidad del sistema y exigirá reformas y subida de impuestos.

Por este motivo intentaré un acercamiento al problema dibujando lo que considero un campo de objetividad basado en datos a partir del cual poder avanzar en soluciones.

LOS DATOS…

Según el Banco de España hoy destinamos a pagar las pensiones el 12% del PIB nacional. En el escenario de un incremento del número de beneficiarios dentro de 30 años la carga de las pensiones sobre el PIB será justo el doble; el 24%. Si tenemos un PIB de un billón de euros aproximadamente, hoy destinamos 120.000 millones que serán 240.000 dentro de 30 años.

Según la EPA, Encuesta de Población Activa, actualmente España cuenta con cerca de 20 millones de personas ocupadas y casi diez millones de pensiones. Se `puede decir que un pensionista está  respaldado por dos empleados. En el año 2050, dentro de 30años, los jubilados serán 15 millones. Si se mantiene el nivel de empleo en 20 millones, cada pensionista estará soportado en 1,33 ocupados. Estos datos por si solos son suficientemente elocuentes y merecen una reflexión. No se pueden soslayar diciendo sin más que las pensiones no son un problema como escuchamos  con alguna frecuencia. Si trasladamos los datos al día de hoy es como si  la pensión media  de 1.140 euros mes debiera ser soportada por 1,33 sueldos medios. Es decir cada sueldo debería aportar  857 euros.

Algunos pueden considerar el argumento falaz diciendo que las pensiones se sostendrán con los impuestos de los más ricos, pero luego analizaremos esto. Por el  momento decir que:

  • España tiene  una de las  pensiones públicas más altas de toda la Unión Europea, cuando se comparan con el salario previo a la edad de jubilación. De media, los pensionistas cobran el 82% del sueldo, mientras que en Francia es el 55,4%  y en Reino Unido del 21,6%. La media de los países de la OCDE es del 41,3%
  • Este año el déficit de la Seguridad Social será de 16.000 millones de euros. La población de más de 65 años es hoy el 30% del número de personas en edad de trabajar.

LAS PROPUESTAS POPULISTAS.

Quienes reconocen la incapacidad del sistema de aportaciones para cubrir los cada vez más elevados gastos proponen que la Seguridad Social  financie su déficit estructural  vía Presupuestos Generales del Estado ya de por si deficitarios y se cubra este déficit vía  subida de impuestos. Un argumento electoral, sencillo, fácilmente entendible y que encuentra un eco favorable entre quienes puedan resultar afectados por un posible recortes de las pensiones o un incremento de la edad de jubilación. Lo que sucede es que una cosa es predicar y otra dar trigo y es aquí donde el argumentario populista flaquea.

Escuchaba recientemente a la economista Miren Etxezarreta defender la idea de cubrir el déficit de la Seguridad Social con la subida de impuestos a los más ricos,  algo que vende bien siempre que paguen  otros. Esta economista,  no aportaba ni un solo dato que permitiera adivinar que sus propuestas son viables económicamente ni sobre las consecuencias que su aplicación tendrían sobre el tejido productivo. Ella, según dice formada en el marxismo, hace un discurso ideológico al que repele cualquier dato económico.

JUAN RAMON RALLO.

 Si que lo hace sin embargo Juan Ramón Rallo. Señala este economista que en 2050, con el actual sistema,  el gasto en pensiones se duplicará. Pasará de 120.000 millones actuales a 240.000 millones, el 24%  del PIB español.

¿Cómo se paga este incremento de gasto?

                Solo hay tres maneras:

  • incrementando el empleo, para que haya más cotizantes,
  • subiendo los salarios, para que los cotizantes aporten más al sistema
  • o más impuestos para que los Presupuestos del Estado cubran el déficit de la Seguridad Social.

 Rallo analiza estas tres opciones.

La primera: subida del empleo. Para crear más empleo se necesita un incremento de la riqueza del país, del PIB, la cantidad de bienes y servicios que se producen en un año. Hoy crecemos en torno al 2%. Según una estimación de la Dirección General de Seguridad Social del Ministerio de Empleo, el Producto Interior Bruto (PIB) de España debe crecer un 4,2% de media anual nominal hasta 2050 para poder subir las pensiones como la inflación sin que se dispare en exceso el gasto del sistema.  Difícil llegar a ese 4,2%, teniendo además en ciernes una nueva crisis.

                Pero vamos a suponer que conseguimos crear empleo hasta el 75% de la población en edad de trabajar. Sería, dice Rallo, el mayor incremento en la historia de España y de los  más altos del mundo. Si consiguiéramos eso,  el PIB se incrementaría en 8 puntos, lejos de los 12 necesarios para financiar las nuevas pensiones.  Recordar que esos doce puntos se incrementarían en tres más si la subida de las pensiones se liga al IPC. Son datos del Banco de España.

Segunda opción: crecimiento de los salarios.  Los salarios crecen en un país cuando hay pleno empleo o las cifras de paro son bajas. Con nuestro nivel de desempleo se hace difícil. Las empresas necesitan ajustar sus costes de producción, entre ellos  los salarios a su nivel de competencia. Si los salarios suben por decreto, el empresario ajusta reduciendo el nivel de empleo. La otra fórmula es incrementar la productividad: producir más con los mismos costes. La productividad en España, dice Rallo, lleva estancada 20 años y no se espera que aumente.

Tercera posibilidad: Subir los impuestos a los ricos. Supongamos que aplicamos un impuesto del cien por cien a todas las rentas que superan los 60.000 euros anuales, es decir que en este país nadie ganaría más de 60.000 euros. La recaudación adicional sería de 30.000 millones de euros, tres puntos del PIB, muy lejos de los 12 puntos necesarios.

¿Alguien se imagina las consecuencias económicas de esta medida?. ¿Quien querría invertir, emprender y  arriesgar su dinero creando una empresa si se le asegura que  lo máximo que va a ganar va a ser 60.000 euros y que de ahí todavía pararía impuestos? Los capitales emigrarían a otros lugares, la inversión desaparecería y el paro aumentaría de forma exponencial, vamos España sería una segunda Venezuela. Quizás es lo que pretenden algunos defensores de la revolución pendiente y permanente.

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