¿ES PODEMOS LA EXTREMA IZQUIERDA?

Esta es una pregunta que de forma reiterada se formula en tertulias, reuniones de amigos y medios de comunicación: ¿Es realmente Podemos extrema izquierda? Y la pregunta responde a la dificultad de situar el discurso del partido que dirige Pablo Iglesias al que hemos visto, según la ocasión, reclamarse comunista, defensor del Maduro, seguidor de Syriza o, incluso, socialdemócrata radical admirador de modelos como el Finlandés. Todo según la ocasión, como si cada día Podemos se pusiera el traje ideológico que más convenga en función de la coyuntura. Un día se alaba a Maduro y al día siguiente se borran todos los twits laudatorios de la dictadura venezolana. Un día me pongo el gorro de estibador portuario y al día siguiente el esmoquin para asistir a los Goya.

Con todo este juego de disfraces parece difícil definir los verdaderos perfiles ideológicos de Podemos. Por si fuera poco, su apelación a ser un movimiento “transversal” le sitúa a ojos de muchos en el especio de la indeterminación ideológica.

Todo ello me ha movido a la reflexión, en primer lugar, terminológica y luego política.

La palabra extremo sugiere una situación geográfica, un espacio físico; por eso causa confusión cuando se utiliza en el ámbito ideológico. Extremos pueden ser dos puntos equidistantes del centro que a la vez se configura en función de dónde situemos los extremos. Un votante del Partido Socialista tenderá a calificar de extremo a Vox, aunque sólo sea por la distancia que le separa de sus postulados, y será reticente a darle el mismo calificativo a Podemos. Pasará lo contrario con un votante del Partido Popular. Vaya, un lio. Con esta forma de tratar el asunto llegamos a clarificar poco la cuestión.

El problema se hace casi inmanejable cuando una parte del espectro político trata de estirar del significado de términos como fascista hasta cubrir a todos los que no son de su propia ideología.

Si situamos la Constitución, la democracia liberal y la economía de libre mercado como eje vertebrador de la convivencia y el progreso social, podríamos situar en los extremos a quienes por uno u otro lado pretendieran acabar con los mismos. Los partidos nazis y los comunistas, por ejemplo. Los primeros por promover la hegemonía de una raza, los segundos por instaurar la dictadura de una clase social.

Para poder objetivar el calificativo de comunista otorgado a Podemos podríamos recurrir a la definición ideológica, a las resoluciones políticas de Vistalegre I y II. Esfuerzo inútil. La Resolución política de Vistalegre II  a lo largo de sus 45 páginas no contiene ninguna definición concreta o adscripción a lo que han sido las grandes corrientes de pensamiento  ideológico.

Tenemos que buscar en las declaraciones de Pablo Iglesias en reuniones de afiliados y simpatizantes para encontrar la razón de este vacío. Y resulta que si nos vamos a las Jornadas “Organizando la Resistencia” de la Juventud Comunista de Zaragoza en el salón de actos de la Biblioteca María Moliner (Marzo de 2013) nos encontramos a Pablo Iglesias diciendo que él  …no ha dejado de autoproclamarse comunista nunca…. Es que ser comunista es algo mucho más importante que decirlo, creo que es una praxis en la que el nombre, en ocasiones te puede ayudar y hay otras ocasiones en las que no”. Y es en estas palabras en las que encontramos el motivo de la ocultación por Podemos de sus raíces ideológicas que no son otras que las del comunismo, o la adaptación de los planteamientos comunistas al siglo XXI, hecha por Ernesto Laclau, a la que luego me referiré.

Son varios los testimonios de Pablo Iglesias en los que se reclama comunista. Su militancia política comenzó en las Juventudes Comunistas y posteriormente, según reconoce en entrevistas, se empapó del marxismo de Marcuse, Adorno o Lukacs, pensamiento en el que la alienación humana tiene como única forma de superación la rebelión contra todo orden establecido, y donde la única lógica es contradecir este orden.

Los referentes ideológicos más recientes de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, son, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Ambos definen el populismo como una forma de construir la hegemonía política, en definitiva la dictadura del pueblo sobre la casta. Lo que hace Laclau es observar que la clase obrera ya no es el sujeto protagonista de la revolución porque se ha acomodado en una economía de consumo. Asumiendo el pensamiento de Gramsci, Laclau dice que hay que construir un nuevo sujeto revolucionario amalgamando a colectivos diversos: feminismo ultra, ecologismo dogmático, nacionalismo, anti-sistemas, animalismo, etc.,. en una alianza transversal , dotándolo de un discurso de trinchera. En definitiva: cambia el sujeto, pero el objeto de la revolución es el mismo: la dictadura que, como Lenin dijo, sería del proletariado organizado. Todos sabemos que una vez hecha la revolución se convirtió en la dictadura del Secretariado del Partido Comunista. La historia nos cuenta como Lenin se apoyó en los soviets de soldados, obreros y campesinos para alcanzar el poder y una vez en él masacró a soldados, provocó hambrunas de campesinos, y reprimió a todos los que se opusieron a sus designios, incluidos muchos de sus antiguos compañeros de viaje.

             Hoy, Pablo Iglesias repite como un dogma las palabras de Laclau recogidas en su libro “La Razón Populista”: “…El populismo es la construcción de un pueblo como oposición a la Administración…”

¿Y cómo se construye ese sujeto, que Él llama pueblo?

Mediante “…la creación de fronteras antagónicas dentro de lo social…” Iglesias lo llama cavar trincheras. Y “…con la convocatoria a nuevos sujetos del cambio social…”. Aquí se refiere a feministas generación 4.0, ecologistas radicales, naturalistas, nacionalistas, antiglobalización, antidesahucios, etc., todo colectivo que tenga un motivo que queja.

Y sigue: “…creando-significantes para unificar demandas  heterogéneas…” ¿Qué quiere decir con esto?: Pues creando un relato conjunto que dé a todos estos colectivos, a través de Podemos, una base común de movilización política y social. Un puré ideológico administrado  “ al pueblo” a través de redes sociales, hecho con diversos ingredientes, con sabor indeterminado y convenientemente triturado para su mejor digestión mental. Lo hemos visto en las recientes manifestaciones feministas del 8 de Marzo. En el Manifiesto de la convocatoria se mezclaban reivindicaciones de género con demandas sociales, contra la violencia machista y contra la Justicia patriarcal, contra el racismo y la xenofobia y en defensa de lo común. En fin, todo un recital de una forma de entender el feminismo que excluye cualquier planteamiento  feminista hecho por otras mujeres situadas en otras posiciones políticas. Por cierto, que ocasión perdió el Partido Socialista de promover la construcción de puentes con otros planteamientos feministas de partidos constitucionalistas lo que hubiera situado las reivindicaciones en un terreno mucho más representativo de la sociedad española. Pero, es que estamos en campaña electoral y  a Pedro Sánchez le pareció mejor volver a sumarse al carro de Podemos.

            Pero volvamos al tema de la definición ideológica de Podemos y volvamos a Laclau y a Pablo Iglesias. Dicen: “El fin (el objetivo) del populismo es el fin (en el sentido del final, de acabar con) de la política.  El pueblo sustituye a la Administración “  Y crea una  nueva sin oposición ¿Les recuerda a algo, esto?. El poder del Partido único que es la representación del Pueblo, acaba con la política, es decir, con el resto de los partidos. El discurso se puede envolver con nuevos términos pero la esencia siempre acaba asomando-

            Así que, ideológicamente es igual si situamos o no a Podemos en la extrema izquierda. Lo importante no es el lugar que ocupa sino el contenido ideológico de su política y este contenido, como dijo, Felipe Gonzalez, no es otra cosa que Leninismo 3.0 envuelto y escondido en el papel de modernidad de las redes sociales.

P.D. Pero como toda cuenta bien hecha debe superar la prueba del nueve, el argumento más contundente de la adscripción ideológica de Podemos nos lo proporcionan sus dirigentes con su apoyo al dictador venezolano Maduro. Todos los discursos, mítines, todas las entrevistas, asambleas, debates ideológicos, lecturas de gurús de la nueva izquierda se resumen en esto.

Esta es una pregunta que de forma reiterada se formula en tertulias, reuniones de amigos y medios de comunicación: ¿Es realmente Podemos extrema izquierda? Y la pregunta responde a la dificultad de situar el discurso del partido que dirige Pablo Iglesias al que hemos visto, según la ocasión, reclamarse comunista, defensor del Maduro, seguidor de Syriza o, incluso, socialdemócrata radical admirador de modelos como el Finlandés. Todo según la ocasión, como si cada día Podemos se pusiera el traje ideológico que más convenga en función de la coyuntura. Un día se alaba a Maduro y al día siguiente se borran todos los twits laudatorios de la dictadura venezolana. Un día me pongo el gorro de estibador portuario y al día siguiente el esmoquin para asistir a los Goya.

Con todo este juego de disfraces parece difícil definir los verdaderos perfiles ideológicos de Podemos. Por si fuera poco, su apelación a ser un movimiento “transversal” le sitúa a ojos de muchos en el especio de la indeterminación ideológica.

Todo ello me ha movido a la reflexión, en primer lugar, terminológica y luego política.

La palabra extremo sugiere una situación geográfica, un espacio físico; por eso causa confusión cuando se utiliza en el ámbito ideológico. Extremos pueden ser dos puntos equidistantes del centro que a la vez se configura en función de dónde situemos los extremos. Un votante del Partido Socialista tenderá a calificar de extremo a Vox, aunque sólo sea por la distancia que le separa de sus postulados, y será reticente a darle el mismo calificativo a Podemos. Pasará lo contrario con un votante del Partido Popular. Vaya, un lio. Con esta forma de tratar el asunto llegamos a clarificar poco la cuestión.

El problema se hace casi inmanejable cuando una parte del espectro político trata de estirar del significado de términos como fascista hasta cubrir a todos los que no son de su propia ideología.

Si situamos la Constitución, la democracia liberal y la economía de libre mercado como eje vertebrador de la convivencia y el progreso social, podríamos situar en los extremos a quienes por uno u otro lado pretendieran acabar con los mismos. Los partidos nazis y los comunistas, por ejemplo. Los primeros por promover la hegemonía de una raza, los segundos por instaurar la dictadura de una clase social.

Para poder objetivar el calificativo de comunista otorgado a Podemos podríamos recurrir a la definición ideológica, a las resoluciones políticas de Vistalegre I y II. Esfuerzo inútil. La Resolución política de Vistalegre II  a lo largo de sus 45 páginas no contiene ninguna definición concreta o adscripción a lo que han sido las grandes corrientes de pensamiento  ideológico.

Tenemos que buscar en las declaraciones de Pablo Iglesias en reuniones de afiliados y simpatizantes para encontrar la razón de este vacío. Y resulta que si nos vamos a las Jornadas “Organizando la Resistencia” de la Juventud Comunista de Zaragoza en el salón de actos de la Biblioteca María Moliner (Marzo de 2013) nos encontramos a Pablo Iglesias diciendo que él  …no ha dejado de autoproclamarse comunista nunca…. Es que ser comunista es algo mucho más importante que decirlo, creo que es una praxis en la que el nombre, en ocasiones te puede ayudar y hay otras ocasiones en las que no”. Y es en estas palabras en las que encontramos el motivo de la ocultación por Podemos de sus raíces ideológicas que no son otras que las del comunismo, o la adaptación de los planteamientos comunistas al siglo XXI, hecha por Ernesto Laclau, a la que luego me referiré.

Son varios los testimonios de Pablo Iglesias en los que se reclama comunista. Su militancia política comenzó en las Juventudes Comunistas y posteriormente, según reconoce en entrevistas, se empapó del marxismo de Marcuse, Adorno o Lukacs, pensamiento en el que la alienación humana tiene como única forma de superación la rebelión contra todo orden establecido, y donde la única lógica es contradecir este orden.

Los referentes ideológicos más recientes de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, son, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Ambos definen el populismo como una forma de construir la hegemonía política, en definitiva la dictadura del pueblo sobre la casta. Lo que hace Laclau es observar que la clase obrera ya no es el sujeto protagonista de la revolución porque se ha acomodado en una economía de consumo. Asumiendo el pensamiento de Gramsci, Laclau dice que hay que construir un nuevo sujeto revolucionario amalgamando a colectivos diversos: feminismo ultra, ecologismo dogmático, nacionalismo, anti-sistemas, animalismo, etc.,. en una alianza transversal , dotándolo de un discurso de trinchera. En definitiva: cambia el sujeto, pero el objeto de la revolución es el mismo: la dictadura que, como Lenin dijo, sería del proletariado organizado. Todos sabemos que una vez hecha la revolución se convirtió en la dictadura del Secretariado del Partido Comunista. La historia nos cuenta como Lenin se apoyó en los soviets de soldados, obreros y campesinos para alcanzar el poder y una vez en él masacró a soldados, provocó hambrunas de campesinos, y reprimió a todos los que se opusieron a sus designios, incluidos muchos de sus antiguos compañeros de viaje.

             Hoy, Pablo Iglesias repite como un dogma las palabras de Laclau recogidas en su libro “La Razón Populista”: “…El populismo es la construcción de un pueblo como oposición a la Administración…”

¿Y cómo se construye ese sujeto, que Él llama pueblo?

Mediante “…la creación de fronteras antagónicas dentro de lo social…” Iglesias lo llama cavar trincheras. Y “…con la convocatoria a nuevos sujetos del cambio social…”. Aquí se refiere a feministas generación 4.0, ecologistas radicales, naturalistas, nacionalistas, antiglobalización, antidesahucios, etc., todo colectivo que tenga un motivo que queja.

Y sigue: “…creando-significantes para unificar demandas  heterogéneas…” ¿Qué quiere decir con esto?: Pues creando un relato conjunto que dé a todos estos colectivos, a través de Podemos, una base común de movilización política y social. Un puré ideológico administrado  “ al pueblo” a través de redes sociales, hecho con diversos ingredientes, con sabor indeterminado y convenientemente triturado para su mejor digestión mental. Lo hemos visto en las recientes manifestaciones feministas del 8 de Marzo. En el Manifiesto de la convocatoria se mezclaban reivindicaciones de género con demandas sociales, contra la violencia machista y contra la Justicia patriarcal, contra el racismo y la xenofobia y en defensa de lo común. En fin, todo un recital de una forma de entender el feminismo que excluye cualquier planteamiento  feminista hecho por otras mujeres situadas en otras posiciones políticas. Por cierto, que ocasión perdió el Partido Socialista de promover la construcción de puentes con otros planteamientos feministas de partidos constitucionalistas lo que hubiera situado las reivindicaciones en un terreno mucho más representativo de la sociedad española. Pero, es que estamos en campaña electoral y  a Pedro Sánchez le pareció mejor volver a sumarse al carro de Podemos.

            Pero volvamos al tema de la definición ideológica de Podemos y volvamos a Laclau y a Pablo Iglesias. Dicen: “El fin (el objetivo) del populismo es el fin (en el sentido del final, de acabar con) de la política.  El pueblo sustituye a la Administración “  Y crea una  nueva sin oposición ¿Les recuerda a algo, esto?. El poder del Partido único que es la representación del Pueblo, acaba con la política, es decir, con el resto de los partidos. El discurso se puede envolver con nuevos términos pero la esencia siempre acaba asomando-

            Así que, ideológicamente es igual si situamos o no a Podemos en la extrema izquierda. Lo importante no es el lugar que ocupa sino el contenido ideológico de su política y este contenido, como dijo, Felipe Gonzalez, no es otra cosa que Leninismo 3.0 envuelto y escondido en el papel de modernidad de las redes sociales.

P.D. Pero como toda cuenta bien hecha debe superar la prueba del nueve, el argumento más contundente de la adscripción ideológica de Podemos nos lo proporcionan sus dirigentes con su apoyo al dictador venezolano Maduro. Todos los discursos, mítines, todas las entrevistas, asambleas, debates ideológicos, lecturas de gurús de la nueva izquierda se resumen en esto.

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