CRISIS 2020 ¿REPETIREMOS LA HISTORIA?

“La historia no se repite, pero rima.” Mark Twain.

                               Los signos de desaceleración económica anuncian una recesión que muchos sitúan en 2020. Indicadores adelantados como la inversión de la curva de tipos así lo anuncian. Esta circunstancia se ha producido en nueve ocasiones  desde 1954. En ocho, a la  inversión de la curva de tipos ha seguido una recesión, si bien en  distintos casos ha  tardado en producirse entre seis meses y un año  y medio después de la inversión de la curva.

La guerra comercial de Estados Unidos y China, los problemas de los países emergentes de los que Argentina es un reflejo, y en Europa el Brexit y la desaceleración de Alemania nos introducen en un ambiente de pesimismo e incertidumbre. Similar al que en 2007 empezó a desvelar la crisis hipotecaria.

Será por casualidad, o por maldición del destino, también en esta ocasión nos pilla en España metidos en precampaña electoral. Es cierto que dada la afición de hacernos votar que tienen nuestros políticos es difícil que las crisis no nos pillen en algún otro debate.

Como en 2007, hay programas que prometen sin freno, sin contemplar el horizonte de crisis. Hemos conocido el programa de 370 medidas que Pedro Sánchez ofrece a Podemos para pactar su apoyo al Gobierno monocolor. Unas medidas que podrían convertirse en el próximo programa electoral socialista. Propone una clara expansión del gasto público con subida de impuestos a empresas y particulares sin considerar la repercusión que ello tiene en la disminución de la inversión y por tanto del crecimiento económico. La CEOE ha advertido que este programa agudizaría la recesión económica.Un programa que parece el eco de aquel que presentara Rodríguez Zapatero en las elecciones de marzo de 2008. Aquel pasó en pocos meses a mejor vida y el PSOE  pagó en las elecciones de 2011 su falta de coraje para coger desde el principio el toro de la crisis por los cuernos. Repetir la misma historia no sólo sería trágico. Sería una farsa y una burla.

Entonces Rodríguez Zapatero hablaba de que estábamos en la Champions de las economías mundiales. Hoy las ministras de Pedro Sánchez incrementan la previsión de crecimiento al 2,3% a pesar de que expertos, analistas y autoridades económicas, como el Banco de España, anuncian descenso del PIB.

Se me puede argumentar que hay una diferencia entre la situación económica de 2008 y 2019 y es la presencia, parece que omnipotente del Banco Central, dispuesto a inyectar Una nueva dosis de liquidez y a bajar los tipos de interés más todavía, a pesar de estar ya en niveles negativos. Otra impresión masiva de dinero que compre la deuda pública de los países en dificultades.

Como en la primera edición de esta política monetaria, ahora en 2019 los Gobiernos se frotan las manos, y el de Sánchez más que ninguno, pensando que pueden incrementar la deuda pública por encima del cien por cien del PIB. Una patada hacia adelante al balón de la crisis. Ya habrá alguien que se haga cargo del agujero en las cuentas públicas: nuestros hijos y nietos, con toda seguridad. Pero la situación actual es peor a la de 2007. Hoy los niveles de deuda de los países son considerablemente mayores que entonces y el balance del Banco Central se ha disparado de  forma alarmante.

Pero ni siquiera esta perspectiva de la ayuda del Banco Central tendría que hacernos caer nuevamente en la irresponsabilidad de no querer ver lo que se nos viene encima.

Es el propio Banco Central Europeo el que nos acaba de decir que “España no tiene margen ni para subir gastos ni para bajar impuestos.” Alguno se alegrará pensando que el Banco Central le deja como única salida la subida de los impuestos, pero la economía, que es muy tozuda, le pasará la cuenta dentro de cuatro años.

La Comisión Europea estableció un nivel de déficit para cada país miembro en lo que denominó “Objetivos presupuestarios de medio plazo.” España es con Italia, Francia y Bélgica uno de los países más incumplidores. Nos recuerda el Banco Central cómo los ajustes que exige el Pacto de Estabilidad se concentraron en 2012 y 2013 y a  partir de entonces, justo cuando el propio Banco sacó la manguera de liquidez, el esfuerzo de  contención y racionalidad  en las cuentas públicas se acabó.

 Nos quedan pues dos opciones: repetir la historia o recuperar la senda de contención y racionalidad.

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