CHAVES NOGALES,ICONO DE LA TERCERA ESPAÑA.

                Son muchos los libros y los autores que han roto a lo largo de nuestra reciente historia con la visión maniquea de nuestra guerra civil. Han sido autores, por lo general, poco conocidos. Cada uno de los bandos en contienda ha dedicado arduos esfuerzos a  dar a conocer su relato de lo que pasó en la guerra del 36. Es por ello que quienes tuvieron una visión más ecléctica han tenido hasta hace poco escaso eco editorial.

Este duopolio editorial se rompe en 1993 con la publicación de la primera edición de “Las Armas y las Letras” de Andrés Trapiello, una obra que ha cumplido 25 años y que va por su cuarta edición. Trapiello recoge en sus más de 600 páginas las visiones de más de cien escritores que vivieron, muchos de ellos, la contienda civil en primera persona, que militaron en uno u otro bando y que han defendido visiones encontradas sobre el origen y los problemas que  condujeron al enfrentamiento fratricida.  Hay unos que habiendo militado en un bando  analizaron de forma crítica el comportamiento de sus propios correligionarios. Es el caso del comunista Jesús Hernández, ministro de los Gobiernos de  Largo Caballero y de Negrín que ha escrito dos esclarecedores relatos autobiográficos: “Yo fui un Ministro de Stalin” y “En el País de la Gran Mentira.” En el primero cuenta, desde su responsabilidad en el Buró Político del Partido Comunista, cómo Stalin  determinó en todo momento  el devenir de la guerra española y su final, con el único objetivo de salvaguardar los intereses de la URSS. En el segundo: “En el país de la gran mentira” narra la terrible decepción que sufrieron los comunistas  españoles refugiados en la URSS tras la guerra civil. Ellos vieron y sufrieron en sus propias carnes como su utopía socialista se trasformaba en una real distopía, con la Unión Soviética convertida en un gran campo de concentración.

Pero en la obra de Trapiello se incluyen autores que militando en uno de los bandos permanecen con una mente lúcida y comprenden la razón de las turbulencias históricas que han abocado al conflicto civil. Es el caso de Manuel Chaves Nogales. En los once relatos de “A Sangre y Fuego. Héroes, Bestias y Mártires de España”  Chaves nos presenta cruda la barbarie de uno y otro bando y nos enseña la diferencia entre equidistancia y ecuanimidad. Porque Chaves no fue un equidistante, militó en Izquierda Republicana lo que no le impidió ver cómo España y los españoles eran arrastrados por las fuerzas mutuamente alimentadas de los dos extremos: el socialismo revolucionario, comunismo, y el fascismo.  Franco dio un golpe de estado contra la República legalmente constituida, pero no es posible entender éste sin el clima de violencia  que tuvo en la revolución de Octubre del 34 su máximo exponente y que determinó la crisis republicana.

“…ante los hechos graves  como la revolución de Octubre de 1934 los españoles comenzaron a aceptar como inevitable el drama de la guerra. O ellos o nosotros, se dijeron todos, porque sabían que el triunfo de cualquiera de los bandos implicaba la aniquilación del contrario: como en Rusia, como en Italia y Alemania.” ( Andrés Trapiello)

Los militares sublevados dieron el golpe, pero antes lo intentó el Partido Socialista de Largo Caballero que pretendió trasladar a España la Revolución leninista de Octubre de 1917. No lo digo yo, lo decía el periódico El Socialista del 29 de Enero del 36:

“Estamos efectivamente en guerra civil. Mejor dicho en guerra de la civilidad contra la mentecatez y la brutalidad más o menos católicas y tradicionales que las derechas encarnan a maravillas. Guerra civil y sin tregua…Una historia dilatadísima prueba hasta la saciedad  que a las derechas españolas sólo a palos se les puede hacer entrar en razón.”

O Largo Caballero en Noviembre de 1933 en el Teatro Popular de Murcia:

“Tenemos que recorrer el periodo de transición hasta el socialismo integral y ese periodo es la dictadura del proletariado.” (Victor Manuel Arbeloa, “ El Quiebro del PSOE. 1933.34”)

                O el mismo Largo Caballero en Alicante , Enero de 1936: “Si ganan las derechas (las elecciones) tendremos que ir a la  guerra civil.”

                 Estas son tres pequeñas muestras del panorama de radicalismo y violencia de la Segunda República. Bien es cierto también, que ese giro, “quiebro”, en el Partido Socialista tuvo mucho que ver  el miedo que provocó el ascenso de Adolf Hitler en Alemania. Sea por lo que fuera España se vio atrapada en una espiral de miedo, odio e ideologías totalitarias que la arrastraron al desastre.

                Tal como recoge Andrés Trapiello,  que cita a Burnett Bolloten: “…la guerra civil española es la primera y única de la historia que es consecuencia de dos revoluciones de signo contrario que se desarrollan al mismo tiempo y con idéntica determinación de victoria y exterminio: el movimiento fascista nacionalsindicalista y la revolución popular de corte socialista, anarcosindicalista, troskista o comunista, según las zonas.”

                Manuel Chaves Nogales no tuvo que esperar el paso de los años para tener esa misma y clara visión. A pesar de ser protagonista activo de la política supo trascender la falta de perspectiva temporal que da el corto plazo y la emotividad de esos años turbulentos y analizar las  fuerzas que movían semejante deriva fratricida. Suyas son estas palabras que resumen su visión de aquellos años:

“Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España, ¿por dónde empezó el contagio?. Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo y nacionalismo y el desapercibido hombre celtibérico los absorbió ávidamente… Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita, en ese o en aquel sector social, en esta o en aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.”

  Gentes que como dice Trapiello, no debían saber que significaba ser comunista, ser fascista o ser liberal y tal vez ese desconocimiento de las cosas les lleva a unos y a otros a las trincheras.

El mismo Chaves Nogales  pudo ser fusilado por ambos bandos:

“De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios,  anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.”

Las dos Españas de rojos y azules, de los radicalismos totalitarios enfrentados. Chaves Nogales representa esa otra España “. La tercera España, la que no hace de la Memoria histórica un relato de parte, la que honra a los muertos, a todos los muertos, pero sobre todo la que analiza la Historia para sacar lecciones. Y si hay una lección que nos enseña en siglo XX es que los totalitarismos ideológicos que plantean como objetivo la aniquilación del adversario conducen inexorablemente al desastre. Todavía hay quien no termina de aprender esa lección.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s