EUROPA EN LA SEMPITERNA ENCRUCIJADA DE CAMINOS.

  Se acaban  de  celebrar en Pamplona sendas  Jornadas sobre Europa. Iniciativas de Negocios de Navarra apoyada por Diario de Navarra y del Movimiento Europeo, en el segundo caso, con la colaboración de  las dos Universidade: la pública y la privada. Dos buenos foros para la reflexión que han traído a Pamplona figuras destacadas de ámbito internacional y nacional a las que se han unido analistas y expertos de nuestra Comunidad Foral.

                En cuatro días se estudió la situación europea desde la perspectiva económica, política, cultural y también se estudió el estado de los derechos fundamentales, con especial énfasis en los derechos sociales.

Unas jornadas de estudio que volvieron a poner de nuevo sobre la mesa esa tensión que atraviesa Europa entre la voluntad de avanzar y la tozuda realidad de los hechos. Nos enfrentamos a cinco años de legislatura europea en los que bien parece que el Viejo Continente tendrá que optar entre dar un impulso definitivo a su Unión política y económica o entrar en la pendiente de la degeneración y la desaparición como realidad política.

Cuando se habla de los logros de la Unión Europea se trae a colación, de manera recurrente,  el mayor periodo de paz, prosperidad y libertad que hemos vivido en los últimos 70 años. Y no es poco balance  como para tirarlo por la borda. Sin embargo hay cuestiones, problemas, retos, dicen los más optimistas, que  se hace necesario abordar con urgencia. El más importante, quizás, el de la unión económica y la necesaria convergencia de los distintos países hacia estándares de desarrollo y de nivel de bienestar similares.

 En euro  ya sufrió una terrible crisis existencial en los años 2011 y 2012, cuando Grecia estuvo a punto de abandonarlo y solo la acción decida del Banco Central Europeo impidió que Italia, Portugal, Irlanda y España  cayeran por el precipicio de la insolvencia. Aquella intervención salvo al euro pero a costa de alimentar  las más altas tasas de endeudamiento público que se conocen, del mayor nivel de liquidez fiat, es decir de dinero sin respaldo de ahorro, jamás visto en la historia y de los bajos tipos de interés que han llegado a alcanzar  niveles negativos. Todo ese  manguerazo de droga monetaria ha evitado el hundimiento del euro, pero sus resultados, en términos de desarrollo económico, han sido más bien modestos. El euro sigue arrastrando su gran contradicción: ser una moneda única  sin respaldo de una Hacienda y una política económica únicas. Hay una política monetaria que dirige el BCE pero las políticas fiscales, de Gasto y recaudación corresponden a cada país y así nos encontramos con que Alemania  tiene un 63 por ciento de deuda sobre PIB mientras  Gracia supera el 130, Italia el 110 y España se acerca al cien por cien. Es decir hay quien ajusta su presupuesto para no gastar más de lo necesario mientras otros no nos ponemos tanto límite. Por el momento parece, solo parece, que no pasa nada, mientras el BCE acuda punutal a comprar la deuda que emitan los Estados y mantenga durmientes las primas de riesgo de los más endeudados. Pero esta situación no será eterna, máxime, si como está demostrado, esta política nos ha metido ya en una japonización de la economía europea que se ve abocada a años de estancamiento.

Para salir de esta parálisis hay quien reclama de Alemania que ejerza de “hegemon benevolente” o lo que es lo mismo que con una política fiscal común  financie con los ahorros de sus ciudadanos los abultados déficits de los países del sur. Me da la impresión que si esa es la única fórmula para avanzar,  la integración europea tendrá los días contados. Hay otra opción: antes de pedir ayuda a quien hace los deberes, tendremos que responsabilizarnos de  hacer  bien nuestras tareas. Pero eso significa sacrificios, control del gasto, recortes  y esto, ya lo sabemos, tiene mala venta, sobre todo en países con cuatro elecciones en cuatro años. Y con dos dificultades  añadidas: la entrada en un nuevo periodo de recesión económica y la presencia de populismos de uno y otro signo dispuestos a hacer de la demagogia fácil su arma electoral. Así que muchas nubes en el horizonte que exigen  grandes dosis de responsabilidad y consenso político. A ambos ni se les ve ni se les espera.

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