EL DEBATE

Nunca un candidato a presidente del Gobierno ha acudido a un debate de investidura tan escaso de apoyos. Nunca al mismo tiempo que se debate lo que parece un programa, que no ha pactado con nadie, se negocia  en habitación contigua el reparto de ministerios y se supone que de políticas no explicadas.

            Pedro Sánchez ha acudido al Congreso con un único objetivo: conseguir  ser presidente  con la abstención de todos los demás. Ha negociado, con poco éxito, con Podemos; en el 99 por ciento del tiempo para hablar de cargos, y ni siquiera ha hecho oferta alguna al resto de grupos. Esto es al menos lo que se ha escenificado en el Congreso y parece que es cierto. No parece muy creíble  esa afirmación de Rivera de que Sánchez  tiene un plan  acordado con “la Banda”.  Ello supondría que todo lo escuchado estos dos días en el hemiciclo ha sido una representación teatral.  Los políticos son expertos en el arte de la escena pero tal nivel de virtuosismo resulta  poco creible.

            Así pues, Sánchez  ha venido de decir a todos: “déjenme ser presidente y luego hablamos.” Se lo ha dicho al centro derecha al que ha amenazado que si no  se abstienen tendrá que gobernar con Podemos e independentistas y se lo ha dicho a estos últimos  asegurando que si hay nuevas elecciones PP  y Ciudadanos podrían acabar con la posibilidad de un Gobierno que él llama de progreso. Un chantaje descarado a dos bandas que está utilizando para doblegar las pretensiones de poder de Podemos, con quien sigue negociando.

            Y ¿que hemos visto por  parte de los demás? Lo esperado, un Caasado en su papel de  duro pero sin estridencias que le sitúe  como líder serio de la oposición. Un Rivera  con un discurso bronco  intentando disputar ese liderazgo a Casado.  Abascal marcando paquete de derecha dura pero intentando quitarse  el apelativo de facha. Hemos visto a un Pablo Iglesias en la misma línea de la campaña, moderado en  las formas, haciendo valer su sacrificio de no entrar en el Gobierno para conseguir más influencia en el mismo; a un Rufían   reconvertido de gamberro a patético estadista de aldea y a un  Aitor Esteban en la línea habitual del PNV, recogiendo nueces, en esta ocasión, setas, porque a él, que es de  Bilbao, por el momento, los Rolex le sobran.

El jueves veremos el resultado de esta arriesgada apuesta de Sánchez. Si le sale bien, será algo que se estudie en los libros de estrategia política. Otra cosa serán las consecuencias que su gestión  tengan para los españoles.

Un comentario

  1. Le saldrá bien porque es un teatrillo que a todos interesa. A los nacionalistas porque nunca tendrán un gobierno más débil que trague con casi todo, como en Navarra, y a Podemos porque es la única forma de tocar poder. Quiere ser Presidente como sea y de la forma que sea. Lo conseguirá y su discípula Chivite, la de la peineta, también. Qué nivel.

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