ETNOCRACIA: “LA TRIBALIZACION DE EUROPA”

Una de las novedades editoriales más interesantes de los últimos meses en materia política es la que ha presentado la profesora danesa Marlene Wind titulada “La Tribalización de Europa”. El ensayo comienza con una cita de Francis Fukuyama, al que me referí en una anterior entrega de este blog: “La Política actual -dice Fukuyama- se caracteriza menos por los intereses económicos e ideológicos que por cuestiones de identidad”

           El trabajo de Marlene Wind trata de demostrar cómo el tribalismo, y su concreción política: la etnocracia, es una megatendencia mundial, pero fundamentalmente europea que “está levantando los puentes levadizos con el mundo…provocando el repliegue de las voces liberales y poniendo en riesgo la democracia misma.”

“Sucumbiendo a la política identitaria -dice Wind–y reduciendo la democracia a la mera voluntad del pueblo sin haber dejado claro antes quienes son (o quienes deberían formar) ese pueblo, estamos abandonando esos derechos, ideas y principios por los que habíamos luchado desde el final de la Segunda Guerra Mundial”

            El libro quiere ser una voz de alarma sobre el peligro que el resurgir de la ideología identitaria supone para los valores de libertad, pluralismo y convivencia sobre los que se ha construido la Unión Europea.

            A pesar de haber escrito sus trabajos casi simultáneamente, Wind y Fukuyama coinciden en el análisis del fenómeno de la globalización que, desde la caída del Muro de Berlin y la reducción de las barreras arancelarias aprobada por la OMC, supuso una fuerte expansión económica mundial y un significativo incremento del número de los países  considerados democráticos. Ambos consideran que a partir de la crisis de 2008 esta tendencia ha sufrido una involución y se ha producido lo que Fukuyama denomina  “recesión democrática” que en Europa se manifiesta en países como Hungría, Polonia o Turquía, en el Brexit o en el surgimiento de populismos en Francia, Italia, Austria o ahora España.

Para explicar el fenómeno del nacional-populismo, Fukuyama habla de las políticas del resentimiento – digo yo- alentadas por quienes utilizan las heridas de la identidad y la dignidad no reconocida como fórmula para el enfrentamiento y la división. Wind dice “Es como si muchos europeos hubieran renunciado a sus aspiraciones universalistas y en su lugar estuvieran destruyendo puentes … en definitiva regresando a la tribu”. “De lo que no hay duda- señala- es  que el más original, exitoso e innovador proyecto superador del marco estatista del que el mundo ha tenido noticia, hasta la fecha, la Unión Europea, está en apuros.” Necesita, este proyecto que lo defendamos.

  • Wind define la tribalización como el fenómeno “por el que grupos culturales, étnicos y nacionalistas…aspiran a revocar las estructuras internacionalistas, creando, fundando o manteniendo sus propios Estados o entidades análogas, al tiempo que excluyen a otros. Si la tribalización es una tendencia que se instala a largo plazo, como muchos datos parecen indicar, podría fragmentar el continente entero en cientos de pequeños enclaves más o menos homogéneos y debilitar así la Europa que hoy conocemos. Una pesadilla volteriana… que recompondría, enmendando y aumentando, el fragmentario mosaico del Sacro  Imperio Romano”
  • Para Wind la tribalización es una especie de balcanización o, lo que es lo mismo, la desintegración del continente en enclaves étnicos. La división de Yugoslavia y los Acuerdos de Dayton supusieron en muchos sentidos una derrota de aquel ideal europeo según el cual la etnia jamás debía ser considerada como factor central y definitorio de quienes somos.

“El tribalismo o neo-nacionalismo es palpable de un extremo a otro de Europa. Podemos verlo sobre todo en Cataluña-dice Wind- donde los secesionistas reivindican la urgente necesidad de disponer de un Estado catalán propio, separado, pese a que la suya es una de las regiones más autónomas y con mayor autogobierno de toda Europa.”

Cuando estamos a pocas fechas de la celebración el 9 de Mayo del Día de Europa suenan muy pertinentes las palabras de  Marlene Wind:

“En la Europa contemporánea los dirigentes parecen dubitativos a la hora  de subrayar que la Unión tiene que concernir a unos valores y a unos ideales democráticos fundamentales… si no insistimos en todo ello la UE habrá firmado su propia sentencia de muerte… Si nuestra voluntad desfallece aquí y ahora, fracasaremos en el objetivo a largo plazo de transmitir a las generaciones venideras este proyecto, que es el más noble de todos.”

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