¿QUE HA PASADO?


A una semana de las elecciones generales los partidos de centro derecha se siguen haciendo esta pregunta: ¿Que ha pasado? Antes de la campaña, Sánchez parecía acorralado y preso por sus compromisos con Podemos y los independentistas, después las encuestas demostraban que esto no era tal y que los socialistas habían conseguido romper, a ojos de la opinión pública, el maleficio de sus pactos. Así que todo se fió en la última semana a los debates que mostraron un Sánchez claramente mediocre y perdedor. Pero los debates no dieron la vuelta a un hecho que los socialistas habían conseguido hacer, calar en la opinión pública: “¡que vuelve la extrema derecha!.”

         Con el solo argumento de la foto de Colón como icono representativo del pacto de Andalucía, los socialistas han hecho la campaña. Todo lo demás les ha sobrado Después de 10 meses  en los que el PSOE se podemizó y contó con el apoyo de los independentistas, Sánchez consiguió provocar la reacción de la derecha sociológica más radical e impulsar a Vox como fuerza política. Solo le quedaba identificar a PP y Ciudadanos con el nacional populismo y dar a última hora el salto al centro  político. ¡Ale hop!. Una jugada perfecta que cuesta imaginar, salida de la mente del presidente del Gobierno.

Los partidos del centro derecha han caído de nuevo en una trampa para osos. Da la sensación de que en ese juego, siempre pierden. Perdieron con la voladura desde dentro y desde fuera de la UCD de Suarez. Volvieron a recuperar el poder con la  dura  campaña de Aznar contra el PSOE de González acosado por la corrupción y los Gal. La perdieron tras la nefasta gestión que hizo el PP de la información sobre los atentados del 11-M y la recuperaron tras la más que mala gestión de la crisis económica que hizo  Rodríguez Zapatero. Todos estos episodios han situado a la política española en un escenario de confrontación arrabalera donde el debate de ideas y de proyectos no tiene la menor trascendencia.

Pero volvamos al pasado más cercano.

Tras la eclosión de Vox, patente ya en los resultados electorales de  Andalucía, el PP se encontraba ante la dificultad de tener que recuperar apoyos simultáneamente a su derecha y a su izquierda. Sus primeros pasos fueron en ambos sentidos, pero pronto sus dirigentes debieron pensar que era mejor empezar por un flanco para luego continuar por el otro, si querían  aglutinar la fuerza que consiguió José María Aznar en 1996 y en 2000.

         Así que pusieron manos a la obra y ficharon a candidatos rompedores con discursos más cercanos a  los de Vox. Cuando ahora se valora como equivocada esta estrategia no se tiene en cuenta la cantidad de votos que ha obtenido el PP que hubiesen ido a Vox de no haber calado la idea del voto útil de la derecha. Así pues la conclusión es que el PP ha conseguido contener el fenómeno VOX a costa de perder el mismo y ser derrotado por el Partido Socialista.

¿Y Ciudadanos?

Los de Rivera pasaron de integrarse en el pacto con el PP a marcar distancias en la última semana de campaña, terminando por disputar a los populares el liderazgo de la oposición. Su ascenso en escaños no deja de ser una victoria pírrica ante el triunfo aplastante de las huestes de Pedro Sánchez.

¿Qué queda ahora?

De principio, un centro derecha más dividido que antes. Un Partido Popular al borde de una nueva refundación, con un liderazgo que puede cambiar tras las elecciones europeas y autonómicas del 26 de Mayo; Ciudadanos que no sabe que hacer con sus escaños y Vox con unos votantes que se empezarán a preguntar si tiene  algún valor práctico el desahogo de su cabreo.

Sin duda el centro derecha necesita de los servicios de un sicólogo y de un lingüista. Del primero para dar solución a su crisis de identidad, del segundo para hacer frente a esa dialéctica simplificada que atribuye a la izquierda el monopolio de la moralidad y a la derecha el de todos los males, entre otros el de ser heredera del franquismo. Hay que ser torpe para no comprender que esta idea iba a ser explotada por sus adversarios si se manifestaba cercano a Vox. Ya lo dijo Manuel Vals tras las elecciones andaluzas: “No puede haber ningún pacto con la extrema derecha.” Rivera lo vio a última hora. Casado no, y lo pagó.

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