ETNOCRACIA,IDENTIDAD,INDEPENDENCIA ( y IV)

 EL LARGO CAMINO HACIA LA INDEPENDENCIA

La puesta en práctica  del  Programa  2000 ha corrido en paralelo con la estrategia política de ir arrancando concesiones a los Gobiernos centrales.

En 1996  Jordi Pujol y  José María Aznar  firman el Pacto del Majestic, en virtud del cual Convergencia apoyaría la investidura de Aznar a cambio de nuevas competencias en materia de policía y tráfico. El Pacto supuso el apoyo a la investidura de Pujol en el año 99 y la defenestración de Alejo Vidal Quadras de la dirección del Partido Popular en Cataluña. Ese día el pacto se vendió como la reconciliación definitiva entre Cataluña y el resto de España. Sin embargo supuso la radicalización definitiva que terminaría con la declaración de Independencia de 2017.  Después vendría la cesión de  la recaudación del 33% del IRPF del 35% del IVA y del 40% de los Impuestos Especiales. A todo aquello siguió la cesión de competencias en educación: la Alta inspección de Educación del Estado pasa a jugar un papel decorativo. Se ceden competencias en materia de empleo, control portuario, agricultura, farmacia y medio ambiente. Todo ello con la idea de que con esto “el problema catalán queda arreglado para siempre.”

Viendo ese pacto a la luz de los acontecimientos presentes es fácil sacar las conclusiones. No obstante, uno de sus signatarios, José María Aznar seguía defendiéndolo en 2015 en un artículo publicado en El Mundo, el 16 de Octubre de ese año, Aznar reivindicaba aquel acuerdo y decía que fue un compromiso muy bueno para España y muy bueno para Cataluña.

“El catalanismo se mantenía alejado de pretensiones maximalistas y podía comprobar cómo la vocación de intervenir en la política española, que presentaba como una de sus señas de definición, podía realizarse por cauces razonables, sin tener que pasar necesariamente por la izquierda y sin plantear el interés de Cataluña como un juego de suma cero con el del resto de España.”

Decía Aznar que el Pacto del Majestic supuso un retroceso para el nacionalismo en Cataluña. No creo que hoy se atreva a decir esto.

El programa 2000 describe una sociedad subyugada por el la que nadie escapa de la uniformización.

El reparto de subvenciones millonarias ha permitido aflorar y mantener a infinidad de medios de comunicación que copan las redes sociales que sin ayudas públicas nunca hubieran nacido “ Así lo recoge Joan López Alegre  autor de “La Mayoría Silenciosa”.

Después vino Rodriguez Zapatero, 13 de Noviembre de 2003: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento Catalán” Si no era una declaración de apoyo a la autodeterminación se le parecía mucho. Sin duda el secesionismo debió pensar que se le abrían las puertas de Babilonia y que de ahí a la declaración de Independencia todo sería un camino de rosas.  Se presentó el nuevo Estatuto que el PP  recurrió ante el Tribunal  Constitucional. El fallo consideró en partes los argumentos del PP

 La  sentencia fue utilizada por el soberanismo para extender el sentimiento de agravio en una sociedad castigada por la crisis económica. Se  iniciaba la recta final  hacia  la declaración unilateral de independencia.

El repaso de estos hitos nos sitúa plenamente en el debate electoral de esta semana. Nos habla de los programas a largo plazo del independentismo, de la política de cesiones que tanto PP como PSOE han realizado en los últimos 40 años para intentar conseguir poder en el Gobierno central alimentando al nacionalismo y de la inutilidad de intentar colmar el hambre de quien es insaciable y que no duda en faltar a su palabra (que se lo pregunten a Mariano Rajoy), si el oponente le va a proponer mejores plataformas para el  lanzamiento de su proyecto. Como decía esta semana  Juan Arza en el Independiente, ”contra toda evidencia los  socialistas siguen creyendo que con más renuncias y juegos de palabras domestican al dragón.”

Arza  afirma también que:

La maquinaria de control social y propaganda del separatismo está bien engrasada y funciona a pleno rendimiento. Su apoyo social y electoral se mantiene en máximos. Su ejército de liberados permanece en puestos bien remunerados. Sus embajadas han reabierto. Su apropiación de las instituciones es cada día más descarada, y su acoso a la oposición se ha incrementado. El Gobierno no sólo no impide sus abusos, sino que hace todo lo posible para que queden impunes, maniatando a la Fiscalía, a la Abogacía del Estado y a la Alta Inspección educativa. Los catalanes no nacionalistas siguen desamparados.

Esta reflexión  es conveniente  en vísperas de pactos de Gobierno que pueden suponer la edición de un Majestic II o algo similar. No hay que descartar la posibilidad de que las pretensiones del candidato peneuvista, Aitor Esteban, una “directiva europea de claridad” sean atendidas. Una vez  que la vía de independencia unilateral ha encallado en el Tribunal Supremo, no es descartable que se abra ahora la vía peneuvista del referéndum  tipo Quebec. Al tiempo.

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