YA ESTOY AQUIIIIIÍ

Ya  ha sucedido lo que todos esperaban. La curva de tipos de interés se ha dado la vuelta. Escribí sobre ello hace algún tiempo. Para quien no esté al tanto, debo decir  que la curva de tipos se dibuja uniendo los tipos de interés del bono Usa  a tres meses, un año, dos años, cinco, 10 años y 20 años.  Este gráfico dibuja una pendiente que generalmente es ascendente con los tipos a corto plazo más bajos que los tipos a diez años. La razón es simple: los tipos a más largo plazo en la renta fija implican más riesgo, por ejemplo de  que se produzca una inflación y pierdan valor, por lo tanto pagan más intereses que los tipos a un año.

            Hasta aquí se comprende. Pero, sucede que a veces se produce una anomalía en la lógica económica, y los tipos de interés a corto plazo son más altos que los de  largo plazo. Se dice  que la curva se ha invertido porque los inversores “descuentan” un panorama futuro de crisis e inflación.  Esta circunstancia se ha producido en  nueve ocasiones  desde 1954. En ocho de estas  nueve ocasiones a la  inversión de la curva de tipos ha seguido una recesión, si bien en   distintos casos ha  tardado en producirse entre seis meses y un año después de la inversión de la curva.  Así muy probablemente nos enfrentaremos en un plazo breve a una nueva recesión económica. La caída de las bolsas el pasado viernes pudo ser una señal de que los inversores están  dando por descontado este escenario. Los Bancos centrales también han cambiado su estrategia  ante esta eventualidad y han frenado la subida de tipos de interés y la recogida de liquidez.

            Ahora  queda saber dos cosas: cuál será el detonante de la crisis y segundo, cuál será su profundidad.

            Sobre el segundo de estos aspectos hay que decir que la crisis puede depender de la capacidad que tengan los bancos centrales de implementar nuevas políticas monetarias. El Banco Central Europeo no ha tenido posibilidad de poder subir los tipos para bajarlos en momentos de recesión. La capacidad de maniobra de la FED, la Reserva Federal también va a ser reducida ya que sólo ha podido subir los tipos al 2´5 por ciento.

            Sin el apoyo de los Bancos centrales las únicas políticas económicas para hacer frente a la crisis son las que ponen el acento en reformas estructurales y recortes del gasto. En Europa y particularmente en España unas políticas  difíciles de poner en práctica  en momentos de auge de los populismos.

            Siempre queda la posibilidad de que los Bancos centrales echen mano de  políticas  monetarias creativas y den  un nuevo  impulso a la máquina de crear billetes de la nada. El objetivo sería destinar este  nuevo incremento de  liquidez a comprar acciones de empresas en crisis.

            Porque es precisamente este sector de la economía real el que pudiera ser el detonante de la crisis. Y aquí enlazo con la primera cuestión  que planteaba antes. Son varios los expertos que aseguran que el punto más débil de la economía no es el Brexit, sino el Crexit. La salida masiva de los inversores del mercado de Bonos corporativos, los que financian las empresas. Ello provocaría una falta de liquidez  en las compañías y un encarecimiento de los intereses que deben pagar por su deuda. Los beneficios parece que pueden bajar en los próximos tres meses y eso es lo que los mercados  empiezan a cotizar.

           Si este escenario se hiciera realidad cabe preguntarse  cómo y sobre todo quien lo va a gestionar en Europa y en España. Tenemos por delante importantes citas electorales. En España el próximo 28 de Abril. Las encuestas  avanzan un panorama en el que la única opción con mayoría absoluta seria la formada por Socialistas, Podemos e Independentistas. Un coctel que en materia económica supone  el incremento del gasto público y la inestabilidad institucional. En Europa la situación no es más halagüeña. La última encuesta de Europe Elects reduce en 77 los parlamentarios de los grupos centristas, los mismos que aumentan los grupos populistas. Así pues, se  puede inaugurar, también en Europa, una situación de difícil gobernabilidad  y con las tareas pendientes de definir lo que deberá ser  el futuro institucional del viejo continente.  Un escenario   en el que los políticos intentan colocar las tuberías, sin cortar el agua, mientras tratan de achicar la inundación. Complicado.

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