¿ES “PROGRE” EL PROGRESO? LEYENDO A PINKER (2)

         La palabra progreso es reivindicada como seña de identidad  por numerosas formaciones, fundamentalmente de izquierdas. Es parte de un relato político que atribuye los avances económicos y vitales a los partidos “progresistas”, mientras que a la derecha se le vincula con el apego a la tradición, a la vuelta  a valores viejunos.

         Pero esto es sólo parte de un relato político que ha tenido buena venta. Tenemos numerosos casos en la historia en los que la aplicación de los principios “progresistas” ha supuesto retroceso y ruina económica. El más  actual: Venezuela. Por otra parte, la aplicación de  políticas  de libre mercado asociado  por muchos a proyectos “de derecha” ha supuesto desarrollo económico y cotas de libertad y bienestar jamás alcanzados.

         Pero, ¿qué es el progreso?

         Steven Pinker en el capítulo titulado “Progresofobia” de su libro , “ En defensa  de la Ilustración” señala que las mejoras en los niveles de salud, de calidad  y esperanza de vida, de disponibilidad de alimentos, de desarrollo económico, de seguridad , de libertad, de igualdad, de alfabetización o de cultura   a lo largo de la historia  son evidentes y más en los últimos 70 años. “Todas estas cosas se pueden medir y han aumentado a lo largo del tiempo. Esto es progreso.

          Nuestra realidad presente es el resultado de esa mejora, a lo largo de la historia, de las condiciones de vida.  Sin embargo, tendemos a ser negativos a la hora de valorar nuestra situación presente y más a la hora de visualizar el futuro. Esta falta de perspectiva histórica nos hace poner el foco en las dificultades del presente y a olvidar las causas de la paulatina mejora que hemos experimentado, sobre todo en los últimos 70 años.

Steven Pinker trata de averiguar cuáles son las razones de este pesimismo.

Señala que el progreso humano es incuestionable. La mejora de la esperanza de vida y de las condiciones en las que vive la humanidad ha mejorado a lo largo de los años. Si se observan gráficos con datos reales esta cuestión es inapelable. Sin embargo, nos resistimos a mirar la evolución del mundo con optimismo y a sacar las conclusiones de porque se ha mejorado y cuales han sido las causas que han hecho posible ese progreso.

Pinker señala varios motivos, unos más importantes que otros. Llama la atención sobre el papel de los medios de comunicación en la propagación de  esta visión  negativa de la realidad. “Algo es noticia si es malo. Las buenas noticias no son noticias”. Los redactores de New York Times, David Bornstein y Tina Rosemberg reflexionan así sobre  el papel de los medios de comunicación:

“Trump ha sido el beneficiario de una creencia- casi universal en el periodismo estadounidense-en que las “noticias serias” pueden definirse esencialmente como “ lo que va mal”… Durante décadas, el foco permanente del periodismo en los problemas y en las patologías aparentemente incurables ha abonado el terreno que ha permitido que echasen raíces las semillas del descontento y la desesperación de Trump…Una consecuencia de ello es que muchos de los estadounidenses actuales tienen dificultades para imaginar, valorar e incluso creer en la promesa de un cambio gradual del sistema, lo cual conduce a acrecentar el apetito de un cambio revolucionario, que haga pedazos las máquinas.”

De los estadounidenses, dicen ellos, y de los europeos, digo yo.

Volviendo a Pinker, otro factor que crea un sesgo de negatividad en la percepción sobre la vida, se refiere al papel de muchos intelectuales que, dice, odian el progreso, no los frutos del mismo, sino la misma idea de progreso. Son los que “tienden a poner todas las cosas malas en un saco y buscar un villano al que culpabilizar de las mismas”. El villano (esto lo añado yo) es por este orden: “el sistema”, “el mercado” o “los Estados Unidos”. Son los denunciantes de grandes males y prescriptores de grandes remedios. Los mismos que durante el pasado siglo proponían destruir todo para volver a construir todo, de nuevo, sin importarles a cuantos se llevaban por delante en el proceso de acabar con lo viejo. Son los mismos que se resisten a admitir que la mejora del bienestar humano sugiere que son más las cosas que se han hecho bien que las que se han hecho mal y que para seguir mejorando el mundo es necesario comprender las causas que han contribuido a su mejora.

         Admitir la existencia del progreso no implica pensar que vivimos en un mundo perfecto, ni que no se produzcan baches en la tendencia general de mejora. El siglo XX ha experimentado varios de estos baches lo mismo que los primeros años de XXI, pero no se ha roto la tendencia general. La mejora en todos los parámetros a partir los años cincuenta ha sido incontestable. Pinker ofrece gráficos ilustrativos sobre esperanza de vida, disminución de la mortalidad infantil, violencia y seguridad, conflictos bélicos, crecimiento económico, disminución de la desigualdad, sanidad, educación.

         No obstante, a pesar de estos datos somos propensos a tener una visión negativa de nuestra realidad y sobre todo a temer un futuro peor.

         El libro explora en otras razones más profundas de este pesimismo. Razones de tipo sicológico. La primera, la llama, “asimetría en el estado de ánimo”. Se basa en un experimento en el que se preguntaba a las personas sobre cuantas cosas son capaces de imaginarse que puedan mejorar su situación actual y cuantas pueden imaginarse que puedan empeorarla. Estas segundas ganan siempre por goleada a las primeras. La sicología confirma que las personas temen más las pérdidas que desean las ganancias.  Hay otra causa de esta negatividad: tendemos siempre a confundir “… el declive de nuestras propias facultades con el declive de los tiempos”. “La cultura intelectual debería esmerarse– dice- en contrarrestar nuestros propios sesgos cognitivos, pero con demasiada frecuencia los refuerza”.

         Pinker cita a un erudito literario Steven Connor para explicar cuáles pueden ser las razones por las que la cultura intelectual refuerza este sesgo de negatividad. “en las artes y en las humanidades existe un consenso unánime con respecto al terror invasor del dominio de los números.”

         Respecto al pesimismo antropológico, dice que tiene mucha mejor venta que el optimismo.  “Mientras los pesimistas parecen estar intentando ayudarte, los optimistas parece  que te intentan vender algo. Cuando alguien ofrece una solución parcial a un problema  siempre hay quien dice que no es suficiente, que no ataja las causas últimas del problema, que no es la panacea.  Lo hemos visto recientemente en las críticas que se han hecho al empresario Amancio Ortega por donar  equipos médicos a distintos centros sanitarios. “Estos tropos comunes, dice Pinker son poco más que una negativa a contemplar  que algo pueda mejorar” Y yo añado, y son utilizados por quienes  defienden que “cuanto peor, mejor”, para sus políticas, las mismas que  históricamente han llevado a los países a la ruina y al retroceso.

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