KAMIKAZE TORRA, TORRA

Recuerdo  la conversación que en una comida familiar mantuve con un nacionalista vasco, y jesuita, para más señas, en la que me preguntó por mi  pensamiento político. Más concretamente quería saber si me definía como vasco. Mi respuesta fue que me cuadraba más definirme como navarro, español y europeo, que ninguna de las tres adscripciones me parecían excluyentes y  que respetaba que cualquier navarro se sintiera también vasco.

Pues bien, aquel clérigo me respondió que yo estaba muy equivocado, que yo era vasco lo quisiera o no. Y como supremo argumento me dio el siguiente: “Una piedra siempre será una piedra, aunque piense que no, si la piedra tuviera la posibilidad de pensar”.

Confieso que argumento tan esencialista, tan tautológico en su tesis, antítesis y síntesis me dejó perplejo. No valió para nada que le dijera que una persona no es una piedra, que una persona tiene capacidad de autodefinirse.. Pero mi respuesta le dejó frio. No le provocó ni una sombra de duda, ni el más mínimo arañazo a su pétrea estructura argumentativa.

Por eso desde entonces siempre he pensado que debatir con un nacionalista es una misión inútil. Su pensamiento redondo y cerrado impide cualquier penetración. Las dudas son para quienes utilizan la razón, para quienes contrastan sus argumentos con los de los demás, para quienes los sopesan y los enfrentan a la realidad. Quienes construyen su relato alrededor de esencias identitarias sostenidas en emociones de pertenencia no necesitan ningún contraste y los argumentos ajenos les rebotan.

            Esta vieja sensación la experimenté de nuevo viendo la entrevista que Carlos Alsina hizo  la pasada semana al presidente de la Generalitat catalana, Joaquín Torra, en Onda Cero. Si hay una pieza periodística que retrata como ninguna la inutilidad del dialogo con el independentismo es esa entrevista.

            El pensamiento independentista es un pensamiento circular, impenetrable a cualquier argumento o idea  que no sea el mantenimiento de sus principios básicos de identidad cultural y política. Cuando Alsina ponía sobre la mesa el principio de legalidad que se sustancia en que la soberanía nacional reside en el pueblo español, Torra repetía una y otra vez que la decisión de lo que él llama pueblo catalán está por encima de lo que diga la Constitución y el Estatuto de Autonomía, por el que él es presidente.

            A lo largo de la entrevista solamente hubo un momento en el que se podía atisbar una leve esperanza de dialogo. Fue cuando Torra aseguró que a su programa de máximos, Sánchez no había presentado  propuesta alternativa. Cabe preguntarse si esta idea era una argucia retórica que trataba sólo de desestabilizar la posición de su interlocutor. Porque la pregunta que había que hacerle al presidente de la Generalitat es si ha estado dispuesto en algún momento a hablar de algo que no sea la independencia o lo que él llama derecho de autodeterminación.

Dejaremos de lado las valoraciones sobre la limpieza del referéndum del uno de Octubre, un referéndum sin sustento legal  alguno. Me interesa reflexionar sobre el blindaje a prueba de bomba del discurso independentista. Un blindaje que impide aceptar una parte del mismo, negociar una rebaja de sus pretensiones, llegar a un dialogo constructivo. Es un todo, lo tomas o lo dejas. Da la sensación que el independentismo catalán ha puesto a un kamikaze al mando del caza que se lanza contra el portaviones del Estado enemigo al grito de “Torra, Torra”. Para evitar este escenario ofrece que la única negociación posible,  sea sobre plazos y fórmulas de llegar a ese  objetivo último de la independencia. Por eso, cualquier hipotético acuerdo de mínimos, sería solamente una conquista del independentismo que daría paso a una nueva etapa en la carrera hacia la Cataluña soberana.

El choque pues de legitimidades, en el discurso político, sólo tiene una salida, que no es la negociación que propone Torra .imposible por mucha que sea la resistencia que pueda exhibir el presidente Sánchez. La única salida es el cumplimiento de la ley. Cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, como reza el juramento o promesa de las autoridades en su toma de posesión. Sin ese  respeto, voluntario u obligado, al terreno de juego, no existe posibilidades de dialogo. Primero cumplir la ley, luego dialogar

Así pues, antes de cualquier negociación los independentistas  catalanes deberían responder a dos preguntas. ¿Están ustedes  dispuestos a renunciar a su programa máximo para alcanzar un acuerdo? ¿Están ustedes dispuestos a que la negociación ponga punto y final al conflicto de legitimidades y que el punto de encuentro sea la solución definitiva y no una nueva plataforma de lanzamiento hacia la independencia? Somos muchos los que tenemos claro que estas preguntas tienen ya una respuesta: no. Lo tenía claro Mariano Rajoy. Pedro Sánchez, creo que también. La diferencia es que el presidente socialista ha jugado a mantener viva la ficción de un posible acuerdo con el único objetivo de sacar a su partido del desgaste de la oposición y colocarlo en posición  para afrontar las elecciones tras el fin de la legislatura. Por eso, como decía en un artículo anterior, estos últimos meses de la política española han sido únicamente un espectáculo de imagen y ruido.

6 comentarios

  1. Torra, Torra está muy bien traído con los kamikazes.
    Creo tener amigos nacionalistas y me gustaría poder hablar con ellos del tema, pero es imposible: con el sentimiento no se razona.
    Enhorabuena por el blog.

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  2. Alguien decía : “ lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Yo, estoy de acuerdo con el aserto, dado que el sentimiento cocido a fuego lento desde el nacimiento es difícil enfriarlo con la prontitud necesaria, en este momento.
    Este es un asunto que no tiene solución, hay que cabalgarlo sin pasión pero con perseverancia. Mientras la educación se inyecte, poco a poco, a los jóvenes, en forma supremacista, en la que el terreno da el fruto del ser distinto, es difícil contarle al creyente, que lo que ha estudiado y le han contado, se aleja de la realidad. Por lo tanto, en este momento, el asunto hay qué conllevarlo, si permitir que avance. Sólo con evitar que la lava impregnada de ideología avance,habremos conseguido lo que se pretende: la convivencia basada en el respeto por los demás.

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  3. Llevamos cuarenta años jugando una partida en la que los nacionalistas han ganado siempre, mientras los partidos constitucionalistas llegaban al Gobierno de España con su apoyo, ellos iban recreando estructuras de estado pero El Estado no podía inmiscuirse en su territorio y así hemos llegado a “proclamar la independencia”. Espero que hayan aprendido la lección y tengamos un Gobierno que cumpla y haga cumplir la ley.

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