“En defensa de la Ilustración” ( Leyendo a Pinker)

“En  defensa de la Ilustración” es uno de los últimos títulos más vendidos. Su autor Steven Pinker es profesor de sicología de la Universidad de Harvard  y ha sido finalista en  dos ocasiones de los premios Putlizer. Se le podría definir como un propulsor del optimismo ilustrado o más  exactamente del humanismo ilustrado. Sostiene que a pesar de las visiones catastrofistas y negativas  que imperan en la actualidad, el mundo es hoy mejor que hace diez años y mucho mejor que hace cincuenta. Señala que  nos enfrentamos a importantes retos de futuro pero  afirma que  los podemos superar con la herramienta que permitió  a la Humanidad salir de la Edad Oscura y disipar las tinieblas de la incultura , la ignorancia y la superstición: la herramienta de la Ilustración: “una concepción del mundo basada en los hechos e inspirada en ideales… como la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.”   Más que nunca, dice Pinker estos ideales  necesitan ser defendidos incondicionalmente, porque se trata de  logros humanos que igual que se consiguieron se pueden perder.

            “ Atrévete a saber”. Son las tres palabras que definen  el pensamiento ilustrado. Solo si nos atrevemos a saber es posible el progreso, científico, político y moral.

            Pero casi a la vez  que  el pensamiento ilustrado se expandía  nacían movimientos  que lo rechazaban. El romanticismo del que beben los nacionalismos identitarios fue  el más influyente. En contra de la primacía del individuo que propone la Ilustración, el romanticismo- dice Pinker_ afirma  que “el ser humano forma parte de un todo orgánico ( una cultura, una raza, una nación, una religión, un espíritu o una fuerza histórica) y las personas deberían canalizar creativamente la unidad  trascendente de la que participan.”

            Pinker distingue claramente entre  lo que es defensa de los valores cívicos, del espíritu público, la responsabilidad social o el orgullo cultural, es decir lo que se ha venido en definir como patriotismo constitucional, nacido de un  contrato social tácito, lo distingue – digo-del nacionalismo en el que “ las personas son células prescindibles de un superorganismo, un clan, una tribu, un grupo étnico, una religión, una raza, una clase, una nación- y que el bien supremo es la gloria de esta comunidad más que el bienestar de las personas que la integran.” En este sentido existe un  conflicto ideológico entre nacionalismo y humanismo.

             Las ideologías políticas socavan la razón y la ciencia.  Afirma  Pinker que  “ las mismas ideologías de izquierdas y de derechas  se han convertido en religiones seculares proporcionando a las personas una comunidad de correligionarios, un catecismo de creencias sagradas, una demonología muy poblada y una confianza beatífica en la rectitud de su causa:”

            Pinker habla también de otras corrientes intelectuales  que hoy contradicen  las ideas ilustradas: corrientes como “ el decadentismo!” que considera que la  nueva revolución tecnológica conduce a  la aniquilación de la especie humana o una versión de este decadentismo: el nihilismo que  considera que  el bienestar produce alienación . El antídoto que propone esta línea de pensamiento, es el “heroísmo sagrado “lo que Nietzsche  denominó “ voluntad de poder”” que se tradujo en la recomendación de  “ violencia aristocrática de la bestia rubia teutóna:”

            Pero de ello hablaremos otro día.

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