BANCOS CENTRALES, EQUILIBRIOS EN EL ALAMBRE

LOS BANCOS CENTRALES. ¿ SE PUEDEN CONTROLAR LAS TORMENTAS DESDE EL OJO DEL HURACAN.?

“ Guste a no guste, es un hecho que las principales cuestiones litigiosas          de la política actual son puramente  económicas y no pueden comprenderse sin entender la economía política”

Ludwig von Mises.

Los bancos centrales del mundo tienen como funciones  principales, preservar el valor de la moneda de su país o zona económica de competencia, garantizar la estabilidad de los precios  impidiendo un crecimiento excesivo de la inflación, todo ello permitiendo un equilibrado crecimiento económico  con creación de empleo.  También el Banco Central es el encargado de mantener la estabilidad del sistema financiero: es el banco de bancos y el prestamista de última instancia. Para ello tienen dos herramientas fundamentales: la emisión de dinero es decir el control de la masa monetaria, por ello se les llama también Bancos de emisión; y el establecimiento del precio de este dinero a través del  tipo de interés al  que lo prestan a los bancos comerciales. A pesar de la popularización de la imagen del helicóptero de la Reserva Federal arrojando billetes,  la creación de dinero se realiza mediante la compra de  deuda (bonos) del Estado o de las entidades crediticias, bancos comerciales.

Como decía, los Bancos Centrales  tienen el monopolio de la emisión de dinero legal. En función de la coyuntura  económica, fundamentalmente de la situación de los precios, inflación, y de la robustez de la economía y la creación de empleo, emitirá dinero o lo retirará de la circulación modelando, en la medida de sus posibilidades, el crédito y el ordenado crecimiento económico.

Cuando regía el Patrón Oro la determinación de la masa monetaria y del precio del dinero dependían de la cantidad de reservas de este metal y de otras divisas que tuviera el país en cuestión.  Un corsé para las políticas de gasto de los Gobiernos, que estos rompieron. La gran deuda generada por la guerra de Vietnam fue, por ejemplo lo que impulsó al presidente norteamericano Richard Nixon a  acabar con el Patrón Oro. Todos los países siguieron la misma pauta y se instauró un  Sistema Monetario de Libre  fluctuación de las monedas. Los Bancos centrales fueron los encargados desde entonces de  determinar la  cantidad de dinero y el tipo de interés.

Hasta aquí  los objetivos y medios puestos en práctica por los garantes de la estabilidad del Sistema Financiero. Como es de suponer,  la actuación de los Bancos sobre la economía, un ser vivo que  se rige por ciclos de excesos y depresiones, es mucho más compleja y problemática.

Las últimas crisis económicas, fundamentalmente las derivadas de las burbujas   de las “puntocom” y de las hipotecas basura, en Estados Unidos, obligaron a poner en marcha enormes programas de liquidez. Se pretendió atenuar los efectos de una crisis, la última, que muchos han calificado como la “ Gran Recesión” y que otros han comparado a la “ Gran Depresión “ de los años 30. Se evitó así el gran colapso de la banca que se vio afectada por una ola de impagos, pérdida de confianza y restricción del crédito. Las propias entidades bancarias se dejaron de prestar dinero ante las dudas que suscitaba su solvencia. Hubo quiebras como Lehman Brothers, y hundimiento de aseguradoras.

Ante esta situación La Reserva Federal Americana, La Fed se vio obligada a inyectar cientos de millones de dólares y a bajar los tipos de interés. Lo mismo hizo, tiempo más tarde, el Banco Central Europeo. Se pusieron en marcha medidas de choque desconocidas hasta ese momento en la ortodoxia monetaria.

LOS PROGRAMAS DE ESTIMULO.

La Expansión Cuantitativa (QE) realizada  a lo largo de los últimos años por Estados Unidos y Europa ha incrementado los balances de sus bancos centrales en 4 billones de euros. La Reserva Federal Estadounidense paso de un 6 por ciento de su balance sobre el PIB al 23 por ciento en diez años. Europa inició más tarde sus programas de estímulo pero su intensidad ha sido mayor. El balance del BCE pasó del 16 por ciento del PIB al 40 por ciento.

La Reserva Federal empezó a bajar tipos en septiembre de 2007, cuando estaban en el 5,25%. De ahí cayeron a una banda de entre el 0% y el 0,25% en diciembre de 2008. En paralelo compró deuda para dar liquidez al mercado, sostener la inflación y mantener bajo el precio del dinero. Los tipos empezaron a subir en diciembre de 2015. Ahora están entre el 1,25 y el 1,5 por ciento.

Los objetivos de este descomunal esfuerzo financiero  eran , como digo, evitar el colapso,  proporcionando liquidez dotando a entidades bancarias y Gobiernos, agobiados por el incremento de sus primas de riesgo, de fondos suficientes que les evitara acudir a financiarse a un mercado cada vez más receloso por los impagos. También se pretendía ganar tiempo a fin de que las empresas, los bancos y los Gobiernos sanearan sus balances y disminuyeran los riesgos de quiebra reduciendo su nivel de endeudamiento. Se trataba finalmente de crear empleo, inflación y crecimiento.

Han pasado ya diez años desde el estallido de la crisis y se plantea ahora la necesidad de hacer balance, evaluar resultados y diseñar nuevos escenarios financieros. Pero lo más importante, se trata de reducir los estímulos financieros, el exceso de liquidez y de deuda pública y privada sin cercenar el crecimiento económico y sin provocar una  nueva crisis. A ello se disponen tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo.

BALANCE.

Las  políticas de Expansión Monetaria han tenido sus beneficios: reducción de los tipos de interés y, por lo tanto. de los costes de financiación de Gobiernos, empresas y familias; mejora de las primas de riesgo de los distintos países,  subida de las bolsas y, en resumen, una recuperación de la economía global. No se ha conseguido crear inflación ya que el estímulo monetario se ha dirigido a financiar gobiernos,  a hinchar burbujas de bolsa y bonos y a apuntalar las reservas de los bancos que no han dado rienda suelta al crédito evitando el incremento de la velocidad en la circulación del dinero, auténtico motor de la inflación. La irrupción de nuevas tecnologías y la disminución de precios por la globalización han hecho que este objetivo de inflación quede bastante amortiguado.

Sin embargo, para muchos analistas, los resultados de los programas de estímulo no son tan halagüeños. Daniel Lacalle, en su libro “La Gran Trampa” señala  que, tras años de estímulos y centenares de bajadas de tipos de interés, en 2016 la economía  mundial creció el 3,1 por cien, los peores niveles de crecimiento del PIB desde la crisis, el crecimiento  del comercio mundial cayó a niveles de 2010 y el endeudamiento  global se ha disparado a su máximo histórico de 217 billones de dólares, el 325 por ciento del PIB.

El Banco Internacional de Pagos, el BIS ha advertido que  la política de liquidez ,lejos de disminuir el endeudamiento ha sido un incentivo para incrementar el mismo y tomar más riesgo. Se piensa que los Bancos centrales van a cubrir eternamente el riesgo. Su acumulación- dice- podría provocar un efecto dominó que  afectara a sectores sanos de la economía.

La deuda mundial ha tocado un nuevo récord en el segundo trimestre de 2017 tras alcanzar los 226 billones de dólares, triplicando así el valor de la producción de todo el planeta. Si el Banco Central Europeo y la Fed continúan endureciendo su política monetaria, “el riesgo será elevado a la hora de refinanciar esa deuda”, asegura el Instituto Internacional de Finanzas (IIF).  “La deuda global sigue aumentando. En el último año se ha incrementado en 7,5 billones de dólares. China está siendo uno de los grandes partícipes de este proceso, sobre todo a partir de 2008.

No todos tienen una opinión tan negativa. La presidenta de la Reserva Federal,  Janet Yellen ha resumido así los logros de la política de liquidez de los Bancos centrales: “El Balance del análisis sugiere que las reformas básicas que hemos puesto en marcha han impulsado sustancialmente la resistencia sin limitar indebidamente la disponibilidad del crédito y el crecimiento económico.”   Y sigue diciendo: “… cualquier ajuste al marco regulatorio debe ser modesto y preservar  de la resistencia en grandes distribuidores y bancos vinculados a las reformas implementadas en los últimos años.”  En  resumen y en claro: Las reformas han solventado el riesgo de quiebra del sistema y las que se aborden en el futuro deben cumplir este mismo objetivo.

A estos beneficios hay que contraponer también los perjuicios. Los pequeños ahorradores se han visto penalizados  por los bajos tipos de interés: los Fondos de pensiones han sufrido rentabilidades bajas. Pero quizás el principal problema es el incremento del riesgo asumido por los ahorradores que  han adquirido bonos a alto precio y baja rentabilidad y que han destinado sus ahorros a activos más inciertos ante la falta de rentabilidad de los que se consideraban seguros.  El FMI señala que  “hay demasiado dinero en busca de muy pocos activos rentables”, eso provoca que los inversores  acepten niveles de riesgo más alto. Esta tendencia está provocando que las valoraciones de activos financieros se están tornando “excesivas” en algunos mercados. En paralelo, el nivel de endeudamiento de las empresas y el consumidor crece rápido.  Por su parte, el que fuera  presidente de la FED, Alan Greespan señalaba este mismo año que “Hay una burbuja, pero no en la Bolsa, sino en la Deuda.” Otros han alertado del riesgo de desplome del mercado DE BONOS QUE TERMINE ARRASTRANDO A LA bolsa. El Banco Internacional de Pagos de Basilea señalaba que ni el crecimiento económico ni el del empleo justifican los niveles de Deuda asumida  fundamentalmente por los Estados pero también por muchas empresas. A pesar de los tipos bajos la capacidad de devolver la deuda empeora.

El economista jefe de Saxo Bank, Steen Jakobsen  afirmaba también que “con el crédito como único ingrediente utilizado para estimular la economía global en los últimos diez años, los inversores deben prestar atención a cualquier cambio en el precio del dinero, impulso del crédito y al precio de la energía.”

PROGRAMA DE  RETIRADA  DE ESTIMULOS.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea han  decidido poner fin a la política de estímulos monetarios. De hecho Estados Unidos ya ha iniciado el programa de  subida de tipos de interés y normalización del balance de  la FED y se dispone a  realizar la retirada de  dinero circulante. La Fed dejó de comprar deuda en 2014 pero solo en 2017 ha empezado a disminuir su balance dejando vencer bonos sin realizar nuevas recompras. El BCE reducirá la adquisición de activos en  Enero de esta año 2018 y en Septiembre seguirá reinvirtiendo  pero solo en la misma medida de los que venzan. La reducción del balance de la FED se hace dejando que los bonos venzan a razón de 10.000 millones de dólares al mes. Cada trimestre la cifra  aumentará en 10.000 millones mensuales hasta alcanzar los 50.000 millones mensuales en Octubre  de este año 2018. Se calcula que el programa de reducción de  la liquidez durará hasta 2024. Los tipos de interés también marcan la diferencia. Estados Unidos los ha dejado en el 1´5 y anuncia tres nuevas subidas este año 2018. De cualquier forma hay quien considera que cada subida de tipos, por ligera que sea  complica más la próxima, especialmente  cuando en otra parte del mundo prevalecen los tipos nulos o incluso negativos. Europa los mantendrá al cero por cien. El Banco Central de Japón seguirá incrementando su balance hasta 2020.

Según Paul O´Connor,  gestor de Janus Henderson Inverstors, “ la situación actual se asemeja más a retirar el pie del acelerador que a pegar un pisotón en el freno.”

Los  bancos centrales consideran agotada su actuación y pasan la patata caliente a los Gobierno y a sus políticas fiscales.  Hasta ahora  ha habido una confianza absoluta en  la invulnerabilidad de las instituciones financieras. Se piensa  que si tienen “la máquina de hacer billetes”  podrán hacer frente a cualquier situación de crisis bien sea inflacionaria o deflacionaria. Sin embargo, al bajar los tipos de interés a cero los bancos Centrales han perdido el margen de maniobra que intentan recuperar ahora subiendo tipos antes de lo que puede ser una nueva crisis. Son ahora las políticas de gasto e ingresos públicos las que tienen que dar solución al problema de la deuda y el crecimiento.

RIESGOS, PELIGROS Y DIFICULTADES EN LA MANIOBRA.

“ Crisis financieras ,una resistente planta perenne”

Una de las principales dificultades que plantea la subida de tipos de interés es la posible ola de impagos en la deuda basura “high yield” estadounidense y europea. A pesar de que la subida de tipos es reducida y dilatada en el tiempo, podrá provocar que hasta el 22 por ciento de las empresas cotizadas de Estados Unidos, con cuatro billones de dólares en activos, fuesen incapaces de atender a los pagos de intereses. El creador del indicador Z- Score, Edward Alman, que mide la solidez crediticia de las compañías en función de sus beneficios, prevé una ola de impagos. Según Moodys la calidad de la de deuda de alto riesgo se está deteriorando y la de Estados Unidos es la peor.

En Europa la situación es similar. Según Daniel Lacalle el 9 por ciento de las empresas cotizadas son zombis, es decir no cubren  los intereses de la deuda que tienen contraída con los beneficios operativos. La pregunta  del millón es ¿qué parte de la economía terminará “zombificada” tras la  subida de tipos de interés?

Pero la preocupación por el éxito de la maniobra de desapalancamiento ha sido expresada por otras voces.

“Nunca hemos visto a un banco central deshacerse de 1 billón de activos respaldados por hipotecas, así que estamos preocupados sobre cómo va a resultar”, ha subrayado Matthew Jozoff, jefe de deuda hipotecaria de JP Morgan.

En una entrevista a Financial Times,  el ex primer ministro alemán de economía, Wolfgan Schäuble,  asegura que los Bancos Centrales  acrecientan el riesgo de nuevas burbujas. “Los economistas de todo el mundo están preocupados por el aumento de los riesgos derivados de las inyecciones de liquidez y del crecimiento de la deuda pública y privada. Yo también estoy preocupado por esto”. También  alerta de riesgos en el sector bancario  y señala que hay entidades financieras en la Eurozona sobrecargadas de créditos dudosos.

“Este incremento del endeudamiento a nivel mundial, que alcanza el 324% del PIB del planeta, tiene sus riesgos, sobre todo ahora que el ciclo monetario comienza a cambiar y con él los tipos de interés. Aunque hasta ahora los tipos han sido muy bajos, “muchas empresas están teniendo problemas con el servicio de la deuda”, es decir, que tienen dificultades para cubrir el pago de intereses y el principal con la caja que generan. El porcentaje de empresas con problemas, que no pueden cubrir el gasto en intereses , ha alcanzado entre el 15 y 25% de los activos corporativos en Brasil, India, Turquía y China. En varios mercados desarrollados también se ha presenciado un incremento de la tensión, incluyendo a países como Canadá, Alemania, Francia y EEUU”, destaca el Monitor Global de la Deuda del IIF.

Así pues, los riesgos se localizan en bancos , empresas y Gobiernos. Los activos financieros,  acciones y bonos, pueden pinchar y poner en dificultad a los bancos con fuerte exposición a la Deuda Pública. Hay quien cree que existen bolsas inflacionistas latentes  que pueden despertar y hacer dolorosa la retirada de estímulos. Solo la retirada de estímulos va a demostrar si existen o no burbujas. De momento los datos indican que Los índices de bolsa americanos están en máximos históricos, el Nikkei en máximos de 25 años, el rendimiento del bono alemán a diez años , que se mueve de forma inversa al precio ) en mínimos. En muchos países los precios inmobiliarios están ya a niveles  similares a la última crisis.

Con este panorama sobre la mesa Los Bancos Centrales se enfrentan  a una situación desconocida hasta ahora. Retirar los estímulos sin dañar los logros de la política de barra libre de liquidez-. Una  maniobra con serios riesgos por las razones que acabamos de indicar: Gobiernos altamente endeudados que podrían ver de nuevo incrementarse las primas de riesgo  sin el apoyo de los bancos centrales, empresas altamente endeudadas  incapaces de hacer frente al pago de intereses, Bancos fuertemente expuestos a la Deuda pública, burbujas  en activos… Su objetivo es aplicar un ritmo lento a la maniobra de drenaje que pone a prueba la economía global. Charles Goodhart, alto cargo del Banco de Inglaterra entre 1969 y 2000 y ahora profesor de la London School of Economics, afirma que “Las subidas de tipos tendrán que ser muy lentas para no provocar el colapso de la economía y eso nos llevará no menos de cinco o 10 años”.

Sin embargo, este ritmo lento tiene también sus riesgos inherentes. Un deterioro imprevisto de la economía, ocasionado por un problema geopolítico, o por el estallido de una crisis financiera o hipotecaria en uno de los países emergentes o por una brusca caída de las bolsas internacionales puede pillar a los Bancos Centrales sin capacidad de respuesta para combatir la situación al haber agotado su margen de maniobra y mantener todavía los tipos excesivamente bajos.  ¿Alguien piensa que en cinco o diez años, según el plazo de  Goodhart no se va a producir alguna de las múltiples crisis latentes? La trampa de liquidez  sitúa a los Bancos centrales entre  la opción de subir lentamente los tipos o hacerlo más rápidamente  a pesar de que ello dañara seriamente una parte de la economía.

Reproduzco aquí un fragmento de un reportaje titulado “Adios a la Fiesta del Dinero” de David Fernandez publicado en el Pais el pasado 11 de Noviembre.

El pasado 8 de octubre, dos pesos pesados del mundo financiero como Oliver Blanchard, ex economista jefe del FMI, y Larry Summers, ex secretario del Tesoro de EE UU, presentaron un documento en el Peterson Institute en el que hacen hincapié en el peligro de quedarse pillados en la famosa trampa de liquidez. “Somos escépticos acerca de que la política monetaria por sí misma pueda usarse para reducir el riesgo de una crisis financiera. Tampoco estamos de acuerdo en que un banco central necesite mantener un balance demasiado grande en circunstancias normales; parte de lo que ha hecho el QE puede hacerlo el Tesoro a través de la gestión de la deuda. Por eso, creemos que es una prioridad de la política monetaria recobrar un margen de maniobra suficiente para luchar contra la próxima recesión, cuando sea que esta se produzca”, concluyen en su informe. Blanchard y Summers son partidarios de elevar los objetivos de inflación de los bancos centrales hasta el 4% para tener capacidad de respuesta durante las crisis.

La conclusión es que los Bancos Centrales que asumieron las deudas de Gobiernos ,bancos y empresas para evitar el colapso del sistema se disponen ahora a devolver esa deuda a los agentes económicos pero haciéndolo en pequeñas dosis y en plazos más o menos medidos. La cuestión es si los Gobiernos pueden hacer frente a esas  deudas y si pueden volver a asumir el papel de  recortadores del gasto que les va a exigir el nuevo escenario. Al fin y al cabo, como dicen Bagus y Marquart, “la presión de la población contra un recorte radical de los Estados de Bienestar es , sencillamente, demasiado fuerte.”

GANADORES Y PERDEDORES DE LA ÚLTIMA DECADA.

La crisis económica del 2007 provocó un importante recesión en al economía productiva, un descenso del valor de los activos y un importante incremento del desempleo y consecuentemente  de la conflictividad social. No me extenderé sobre este aspecto consustancial a todas las crisis. Sí que  quiero detenerme en un aspecto: el incremento de las desigualdades sociales en los países  desarrollados. Asi como los países emergentes han visto como una buena parte de su población se incorporaba a los estandares de  consumo de los países desarrollados, fruto del incremento del comercio mundial y de la globalización, en los países llamados desarrollados hemos asistido a un incremento de las desigualdades sociales y a una pérdida de protagonismo de las denominadas clases medias. Quiero hacer referencia aquí al trabajo publicado por  Philipp Bagus y Andreas Marquart  titulado:” por qué otros se hacen cada vez más ricos a tu costa.” Traigo aquí a colación este  libro porque la tesis que sostiene es que la responsabilidad última del incremento de las  desigualdades en los países ricos se debe  fundamentalmente  a la política monetaria de los Bancos Centrales. Señalan que la política de liquidez pone a disposición de ahorradores y rentas altas un volumen de fondos que estas dedican a la inversión en activos que alcanzan su cumbre  al final del periodo de expansión.  No es hasta este final cuando las rentas más bajas  se ven favorecidas por  el auge económico que termina creando empleo. Pero a este dato de creación de empleo se suma el de la inflación que merma el poder adquisitivo de trabajadores y profesionales de clase media. Es en ese momento de alta inflación cuando los bancos centrales actúan de nuevo subiendo los tipos de interés y  reduciendo el crédito, lo que provoca una nueva crisis.

Pero en los últimos años también han sufrido los ahorradores e inversores en renta fija; los poseedores de planes de pensiones que han visto como los tipos de interés han dejado sus ahorros sin  revalorización. Hay que decir, al menos que la baja inflación no se ha comido el mayor de sus ahorros.

Los ganadores han sido los poseedores de acciones que han visto incrementar considerablemente su valor, en definitiva quienes han utilizado el dinero a bajo precio de los bancos para invertirlo en activos que han tenido un buen comportamiento. Han ganado también quienes estaban endeudados, grandes empresas, bancos y Estados que han sido rescatados por los Bancos Centrales. En las crisis se rescata a los  deudores produciendo más dinero y bajando los intereses.

POSIBLES ESCENARIOS FUTUROS.

Como decía más arriba la Deuda se ha convertido en el problema capital que hay que resolver para la salida  definitiva de la crisis. La deuda se ha pasado como una patata caliente de  empresas a bancos de estos a los Gobiernos y de los Gobiernos a los Bancos Centrales. La deuda no ha desaparecido, el problema sigue latente  en una gran capsula que son los Bancos centrales. La cuestión que se dirime ahora es pasar esta patata caliente  de nuevo a los agentes económicos, Gobiernos, bancos, empresas y familias e ir analizando la capacidad de tienen para ir asumiéndola sin que el edificio económico colapse. Los Bancos centrales permanecerían  vigilantes para retomar, si fuera preciso, nuevo protagonismo ante una crisis futura.

Ante esta posible eventualidad el profesor de Finanzas y Economía de la Universidad de Nueva York, Nuriel Roubini considera que los Bancos Centrales tendrán cuatro opciones de actuación.

  1. Volver a los Programas de Estimulo, incrementando la liquidez, comprando de nuevo Deuda Soberana y activos de empresas privadas. Más de lo mismo y nueva patada hacia adelante con las consecuencias ya descritas más arriba para acreedores y deudores.

  2. Los Bancos centrales sitúan los tipos de interés en terreno negativo. Esto supone costes para ahorradores y bancos. Según Roubini estos se los terminan traspasando a los clientes.   Esto ya lo ha hecho el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el Banco Nacional de Suiza.

  3. Subir el objetivo de inflación actualmente en el  dos por ciento, hasta el 5 o el 6 por cien. Dice Roubini que el tipo de interés real, el que descuenta la inflación del precio del dinero, se encuentra actualmente  cercano al cero por ciento. Incrementar  tipos, según Roubini permitiría a los bancos centrales tener más margen de maniobra ante una profundización de la crisis. Nada dice sin embargo de las  consecuencias que semejante  subida tendría para Gobiernos y empresas con dificultades de financiación.

  4. La cuarta opción es la contraria: reducir el objetivo de inflación a cero. Con tipos de interés al dos por ciento, dice Roubini se  evitaría que los Bancos Centrales tuvieran que realizar  políticas  no convencionales como la expansión monetaria. Esta opción  aumentaría  el peligro de deflación que incrementaría los pasivos de los agentes económicos más endeudados.

Cualquiera de estas opciones  sitúa la solución del problema de la deuda en la política de los Bancos Centrales. No obstante  estos han reclamado reiteradamente a los Gobiernos su implicación a través de  medidas de política fiscal.

Según Phillipp Baus y Andreas Marquart, entes  citados,  existen distintas posibilidades para reducir la Deuda:

a.- Recorte del estado de Bienestar, pensiones, prestaciones sociales, prestación de  desempleo, cobertura sanitaria, recortes educativos, en definitiva incumplir sus promesas.

b.- Suspender el pago de deudas. Bancarrota, perdidas en bancos y compañías de seguros, los ahorros de las personas  desaparecerían o se reducirían de forma considerable. El sistema bancario  se derrumbaría. Las quiebras de  empresas endeudadas se multiplicarían.

c.- Represión financiera. Canalizar el ahorro de los ciudadanos hacia el Estado. Impuestos altos, intereses de depósitos bajos, estímulo a la compra de deuda pública. A esto habría que añadir una reducción del gasto  en un contexto de crecimiento económico. Todo unido podría llegar a reducir en endeudamiento estatal.

d.- Pulsar el botón de reinicio.  Una reforma monetaria que anule la deuda pública en la línea de lo que hizo Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Reproduzco aquí un texto de los citados autores.

“…los ciudadanos podían cambiar sesenta marcos imperiales por marcos nuevos a razón de uno por uno. Todos los haberes superiores a sesenta marcos imperiales sencillamente se dividieron entre diez y se cambiaron por marcos nuevos. Así mismo todas las deudas se dividieron entre diez. Aparte de eso las deudas públicas se declararon nulas, pero no todas….los empréstitos estatales contratados por los bancos conservaron su valor…. Hubo un único impuesto sobre el  Patrimonio que ascendía al 50 por ciento.”

El Estado quedó sin deudas, los bancos se recapitalizaron y los ahorradores se arruinaron.

A estas medidas se les puede añadir otra ( no lo dicen los autores antes citados): La supresión del dinero en efectivo y la implantación de la obligación de  hacer todas las transacciones  a través de medios electrónicos.

e.- También se puede hacer “media reforma  monetaria”. En Chipre se hizo lo que se denominó Bail-in. Los ahorradores rescataron a los bancos convirtiéndose en accionistas. Los depósitos bancarios se convirtieron en acciones. Se redujeron las obligaciones bancarias se elevó el capital propio y disminuyó la masa monetaria porque los depósitos se convirtieron en acciones.

Si tuviera que aventurar por donde va a ir el futuro  diría que por una combinación de medidas financieras y fiscales como las descritas. Pero avanzar más sería introducirme en el terreno de la alquimia económica de alto contenido explosivo, así que lo dejaré ahí.

LOS BANCOS CENTRALES SE JUEGAN SU CREDIBILIDAD.

El futuro determinará si el análisis que hacia  Janet Yelen  cuando señala que las medidas adoptadas por la FED han conseguido mejorar la resistencia del sistema, es el correcto o por el contrario lo es el de quienes anuncian la catástrofe.

Lo que está claro, como hemos visto es que finalmente la deuda de todos la pagan quienes tienen dinero ahorrado para saldarla  a través de cualquiera de los procedimientos al uso: impuestos, represión financiera, inflación, devaluación o expropiación de activos. Si la economía tiene una ley que ha sido inmutable a través de los siglos es la que  seña el título del libro del colectivo de economistas Jorge Juan: “Nada es gratis.”

Es por ello que ante semejante futuro que se  atisba muchos están optando por soluciones  creativas. El Bitcoin, las monedas  virtuales o la vuelta a la  inversión en oro son síntomas  de la desconfianza en el sistema financiero y en definitiva en que este pueda garantizar  el valor del ahorro y la inversión productiva como características de una economía sana  con crecimiento sostenido y bienestar.

DEUDA1

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