JUGAR CON FUEGO (publicado 3-agosto-18)

SACAR A FRANCO DE LOS CAIDOS: LA ESTRATEGIA NADA INOCENTE DE JUGAR CON FUEGO. 2-08-2018

En política, como en la vida, hay muy pocas decisiones inocentes. Hay muchas, que dicen perseguir un fin justo y loable y que esconden en el fondo un interés estratégico no manifiesto.

En política, como en la vida, las decisiones se toman cuando los beneficios de quien decide superan  los inconvenientes.  Un conocido me decía, a propósito de la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos, que la pregunta adecuada era: ¿Por qué no se ha hecho antes?. La respuesta tan obvia como simple: es que antes, quien podía tomar esta decisión consideraba  mayor el peso de los inconvenientes que el de las ventajas. Los costes de remover los rescoldos del franquismo frente a la ventaja de compensar una injusticia histórica.

Hoy ese desequilibrio de ventajas e inconvenientes ha cambiado y el Gobierno Sánchez considera que los réditos políticas de la decisión superan los problemas que pueda ocasionar

 Me es indiferente donde estén los restos de Franco. Creo que el Valle de los Caídos tiene una carga simbólica para los nostálgicos del franquismo que no desaparecerá con la exhumación del cadáver de quien dio un golpe contra la España constitucional y sometió durante 40 años a los españoles a un régimen totalitario. El traslado los restos hará que sean dos, y no uno, los lugares de peregrinación de sus seguidores.

Pero la reflexión que quiero hacer es otra:,¿Por qué el Partido Socialista, otras veces en el Gobierno, no tomó la decisión que toma ahora? El pacto de Sánchez con Podemos, siempre presto a incrementar las brechas sociales que fomenten el enfrentamiento, no me parece la única razón. Sospecho que pueden existir otros motivos de índole estratégico que beneficien al Partido Socialista. Me explico.

Hace días se conoció un texto de 177 militares retirados en contra de la exhumación de los restos de Franco. Podría ser sólo un hecho anecdótico o la señal del inicio de una movilización de la extrema derecha, dispuesta a constituirse en opción política aprovechando el rechazo a los independentistas, capitalizando los problemas que pueda ir generando la inmigración irregular y la que se anuncia como la próxima crisis económica. Fenómenos como el de Le Pen o el de Italia con Salvani no serían descartables en España. La propia Unión Europea advertía hace días de su temor a que la inmigración desate en España un fenómeno populista. Mi tesis es que el Gobierno de Sánchez estaría dejando vía libre a esta posibilidad, que definitivamente eliminaría la opción mayoritaria de un hipotético Gobierno del Partido Popular con Ciudadanos. La jugada consistiría en propiciar la creación de un grupo minoritario a la derecha del PP con el suficiente peso electoral como para impedir un Gobierno mayoritario alternativo al socialista.

De confirmarse esta estrategia, Pedro Sánchez estaría jugando con fuego: obtiene la ventaja de arrebatar a Podemos el protagonismo de la izquierda radical y a la vez divide el voto de la derecha y el centro. Sin embargo los riesgos, aunque parezcan mínimos no lo son. En tiempos económicos calientes, como los que muchos vaticinan,los problemas del independentismo, de la inmigración irregular y de la crisis europea, convierten en altamente inflamable el panorama político económico y social de los próximos años.

En esta situación convendría  escuchar las palabras de la Ex-Secretaria de Estado con Bill Clinton, Madeleine Albright, cuando señalaba que ve numerosas similitudes entre el mundo de los años 30 del siglo pasado con los tiempos actuales y advertía de la posibilidad del surgimiento de un nuevo fascismo. Albright proponía la construcción de acuerdos políticos básicos por medio de la negociación.

La crisis económica, la globalización “han puesto en  riesgo el sistema democrático liberal, que se basa en el intento de encontrar soluciones intermedias para llegar a compromisos. Los populistas hacen lo contrario, buscan las grietas en la sociedad y las profundizan.”

 Haría bien Sánchez, antes de pensar en exhumaciones propagandísticas, buscar una memoria histórica compartida por unos y otros. Hay que  recordar a las 13 Rosas y también a las víctimas del otro lado

Manuel Chaves Nogales escribió un relato memorable de lo que fueron esos años de crueldad y estupidez: “A Sangre y Fuego” donde recoge las atrocidades cometidas por ambos bandos: ”No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual, el hombre fuerte, el Caudillo, el triunfador que ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes va a mantener en servidumbre a los celtibéricos supervivientes.” La última historia que cuenta en el libro es la de un joven trabajador que nunca optó por partido o sindicato alguno y que tuvo que ir al frente para poder subsistir muriendo como dice “… batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España nadie que la defendiese.”.

La última contienda civil fue una desgracia a la que se vieron arrastrados los españoles que abrazaron dos ideologías totalitarias: el fascismo y el comunismo, con un Partido Socialista controlado por Largo Caballero empeñado en reproducir en España la Revolución rusa de Octubre del 1917.  

Los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García publicaban el pasado año un extenso y documentado trabajo titulado “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”. En él se recogen numerosas muestras de la crispación política de los últimos meses de la República. En 1932, el 10 de Agosto, se produjo la insurrección derechista contra la República, la Sanjurjada. En enero del 33 son los anarquistas los que se  levantaron en armas. Ya en enero de 1932 se habían sublevado en el Alto Llobregat, pero fue la Revolución de Asturias de Octubre de 1934, la dirigida a acabar con la República e instaurar un régimen socialista y dictatorial, lo que más contribuyó a polarizar las posiciones sociales políticas. “El lenguaje de los candidatos del PSOE  -dicen Álvarez Tardío y Villa García- era rotundo en cuanto al significado bipolar de la contienda. Para el ugetista, Ricardo Zabalza el dilema que se ventila el 16 de febrero es Roma o Moscú, o la bandera negra del Fascismo o la roja  bandera del Socialismo.” Ambos historiadores señalan como “… un sector creciente de los socialistas no ocultaba que se estaban preparando para responder con las armas ante la probable llegada de la derecha al poder. Medios socialistas como Renovación llamaban directamente a la insurrección armada.” El giro de la política reformista del PSOE hacia los postulados revolucionarios de Largo Caballero fue un factor decisivo en la radicalización y polarización de la sociedad. También entonces el Partido Comunista competía por atraer a sus filas militantes y votantes socialistas. Víctor Manuel Arbeloa recoge  en un documentado estudio titulado “El Quiebro del PSOE” el cambio  hacia el radicalismo revolucionario e insurreccional de los socialistas. Afirma que Largo Caballero inicio esta radicalización a raíz del  triunfo  electoral de Hitler en Alemania. A  casi 90 años vista  hubiese sido mucho más eficaz  para espantar los temores al fascismo una política de  acuerdos en la moderación en torno al centro político. Alvarez Tardio y y Villa Garcia señalan en su libro que “durante 1935 no hubo ninguna aproximación entre derechas e izquierdas para encontrar puntos de encuentro en zonas de moderación que contribuyeran a consolidar la Republica. Gracias a “Octubre” (La revolución de Asturias) la distancia ideológica que les separaba no hizo sino agrandarse todavía más.”

En ese conflicto de extremos enfrentados, las víctimas y los criminales se repartieron en ambos bandos y todos sufrieron las  consecuencias funestas de la guerra. La responsabilidad del bando ganador en el desastre es incuestionable, fueron ellos los sublevados contra una República legítima. Pero antes lo habían intentado socialistas, comunistas nacionalistas y anarquistas.

Es bueno recordar la historia para no estar condenados a repetirla. Sería bueno reconocer por todos, las responsabilidades de todos.

Es una necesidad ética que el Partido Socialista asuma su parte alícuota de responsabilidad en la creación del clima de violencia que desembocó en la Guerra Civil. La reconciliación de la Transición española fue más un deseo que una realidad. Quedan todavía muchas heridas por cerrar. Solo hay que acercarse a los homenajes a las víctimas del franquismo para apreciarlo. Muchas de las víctimas no pertenecían a ninguno de los bandos Las víctimas franquistas tuvieron su reconocimiento durante la dictadura. Las victimas republicanas han tardado años en recibir este homenaje. Cada cual ha  tenido el recuerdo de los suyos, ya va siendo hora de que ambas partes reconozcan a todas como víctimas de un conflicto buscado y propiciado por políticos irresponsables. Han transcurrido casi 80 años desde el final de la guerra civil y 40 desde el fin de la dictadura. Las dos grandes ideologías que alimentaron el tornado del conflicto están hoy en el estercolero de la historia a pesar de que haya quien quiera crear sus respectivos avatares zombis. Las jóvenes generaciones leen la historia en los libros de texto y permanecen emocionalmente alejadas de aquellos hechos, sin embargo todavía hoy se alimenta un relato político que sigue identificando a la derecha, sea liberal  o conservadora, con los herederos del fascismo y desde la otra parte se considera a la izquierda como la permanente buscadora de revancha. Habría que clausurar definitivamente estos relatos para que las heridas terminen de cicatrizar. Hoy resurgen los viejos fantasmas que todos creíamos definitivamente exorcizados. Para enterrarlos definitivamente habrá que construir esa memoria compartida. Primero eso y después ya exhumaremos los restos de Franco del Valle de los Caidos.

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